Y AHORA, EL FESTIVAL DE CULPAS Y CINISMO POLÍTICO

 

Una de las características propias de una jornada meteorológica límite como la del viernes 10 pasado es que tuvo la virtud de sacar a la superficie una de las marcas características del ser nacional: echarle la culpa al otro de los errores propios, sobre todo si ese otro tiene una responsabilidad política y administrativa en la cosa pública.

Naturalmente, alguien tiene que hacerse cargo del hecho de que Asun­ción sea la ciudad capital latinoamericana con la peor infraestructura física en términos de vialidad, disposición de residuos sólidos y canalización de aguas pluviales y cloacales. Dicho así, técnicamente, produce poca impre­sión. Pero el resultante práctico es de terror.

Asunción –la otrora ciudad de naranjos, flores y perfumes sin igual- es hoy un inmenso cubo de basuras, calles sembra­das de pozos, baches y lagunas en días normales y una furiosa e inextri­cable red de torrentes en días de lluvia, en especial cuando la naturaleza hace sentir su mano más pesada. Esto se sabe desde hace décadas. Pero gobierno tras gobier­no –local o central- han estado pateando hacia adelante las grandes obras que se imponen para sacar la infraestruc­tura asuncena de la edad media y meterla defi­nitivamente en el siglo XXI. Y es que la política miserable y de mira corta se ha impuesto siempre sobre la plani­ficación a largo plazo.

Cuando las soluciones eficientes y definitivas faltan a la cita, su lugar es ocupado por las recrimi­naciones infectadas con pases de factura política. Es lo que vamos a escu­char de ahora en adelan­te: excusas para justificar la incapacidad propia y cinismo para adjudicarla al contrario. Por ahora, es inútil esperar un plan conjunto a largo plazo para convertir Asunción en una verdadera ciudad.

A menos que se pro­duzca alguna mutación en la clase política anclada en el Jurásico.

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