Prepararnos para decir “no”

Entre Nosotras

Stephanie Hoeckle – Directora de Oui Oui
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Cuando somos activas, entusiastas y estamos acostumbradas a trabajar hasta conseguir nuestros objetivos —todas ellas características positivas— podemos ser, sin embargo, presa fácil de los avivados o del sentimiento de culpa. De los primeros, porque saben que si postergan la orden de trabajo hasta última hora, igual estaremos allí dispuestas a cumplir cronogramas casi imposibles, trabajando horas extras y dejando otras cosas de lado. Del propio sentimiento de culpa, porque nuestra extrema responsabilidad y natural entusiasmo nos hacen sentir comprometidas a hacer lo que sea para realizar una tarea. Y esto nos pasa ya sea como ejecutivas dentro de una organización, como colaboradoras de menor rango y ¡hasta como emprendedoras!

Trabajar de esta manera nos puede resultar una, tres, diez veces, pero a la larga crecerá el riesgo de cometer un error irreparable y toda la responsabilidad recaerá sobre nosotras, que no supimos ser eficientes, no sobre el que encargó el trabajo a las apuradas, a quien jamás se le pasó por la cabeza que no podríamos cumplir.

Por eso, es muy importante —y una cuestión de responsabilidad— saber cómo rechazar un pedido de imposible cumplimiento, por los menos en las condiciones en que lo solicitan. Pero no solo eso, hay que hacerlo a tiempo, no a mitad de camino, cuando otras personas y equipos involucrados están esperando a que completemos nuestra parte.

De mi experiencia y los numerosos consejos que he recibido sobre cómo hacer esto, elegí algunos que suelo aplicar:

Reconocer las tácticas del que pide: Mantengamos los ojos abiertos para reconocer los trucos que usan los demás para hacernos caer en compromisos. Por ejemplo, a veces nos piden cosas asumiendo que ya dijimos que sí, que las haríamos: “¿A qué hora necesita los datos para empezar a diseñar el proyecto?”. Algunas organizaciones que recaudan fondos preguntan, directamente: “¿Lo anotamos para un aporte semanal, mensual o anual? Empresas similares generalmente prefieren un aporte mensual”. Deberás estar lista para responder: “Aún no les pasamos presupuesto; porque antes necesitamos replantear el cronograma”, o, en el segundo caso, “Tenemos un presupuesto anual de donaciones, pero con gusto veremos si podemos incluir este pedido también o si pasará para el próximo año”.

Tomar las riendas: Ser tajante pero cortés. ¿Una combinación difícil? Sí, pero muy efectiva, pues evita que el otro siga insistiendo. Se puede lograr con mucha educación: “Esta vez no vamos a poder hacerlo, pero les avisaremos apenas estemos nuevamente disponibles”. Con una respuesta de este tipo, el control queda en nuestras manos, pues todo dependerá de nuestro próximo llamado o aviso, no de los reiterados mensajes del otro.

Organizar: Si la persona que realiza el pedido del servicio lo hace a última hora, busquemos dar una respuesta que la obligue a establecer prioridades. Por ejemplo: “Hoy podemos avanzar hasta B, pero necesitamos dos días más como mínimo para C y D; ¿por dónde prefiere empezar?”. Es un “sí” a lo que es posible y un “no” a lo imposible. Además, quedamos bien porque damos la imagen de que comprendemos la situación y sabemos cómo organizarnos.

Ensayar: Los psicólogos hablan de varias técnicas de asertividad en la comunicación, pero todos sabemos que resulta difícil empezar a decir “no” cuando nos hemos acostumbrado a aceptar trabajos y responsabilidades en exceso. Una vez alguien me sugirió que anotara las situaciones conflictivas posibles e imaginara soluciones. Este consejo también me sirve en el mundo laboral. Si ya sé que a última hora me lloverán pedidos de tareas urgentes, en la oficina o por parte de clientes, al cabo de un tiempo ya puedo pensar en esas situaciones que se repiten con cierta frecuencia, por lo tanto, puedo anticipar respuestas. En un lugar de mi agenda, durante un descanso breve, escribo los pedidos que intuyo que aparecerán pronto y, al lado de cada uno, ¡anoto un rechazo! Todos elegantes, amables… pero definitivos. Como es tan importante la comunicación verbal como la no verbal, también pienso en el tono en que lo diré, si es por teléfono; o en la postura y actitud que adoptaré, si debo expresar la negativa durante una reunión, por ejemplo.

No se trata de ponerse a la defensiva ni de tener una actitud negativa; no queremos convertirnos en una de esas personas que dicen que no, de entrada, a cualquier propuesta que salga de lo común. De lo que estamos hablando aquí es de no asumir responsabilidades imposibles de cumplir a cabalidad, en tiempo y forma. Un trabajo mal hecho solo afectará nuestra reputación, y si de algo tenemos que ser celosas es de nuestra fama: nuestro principal capital.

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