Los términos sí importan

Stephanie Hoeckle – Directora Oui Oui
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En el mundo laboral, hay términos que caen en desuso y en el olvido, para ser sustituidos por otros que suenan más “modernos”. Así, por ejemplo, ya los más jóvenes no reconocen de buenas a primeras las siglas “RRHH”, porque ellos hablan de “capital humano” o del departamento de “gestión del talento humano”; les suena chocante que los llamen “empleados” porque, en realidad, se sienten “colaboradores”, y se preocupan por su “crecimiento” antes que por el “éxito”. ¿Tienen sentido estos cambios de términos? ¿Significan lo mismo o algo más? ¿Son una simple moda o realmente aportan una mirada diferente sobre la realidad?

Talento, mejor que recurso

Todas sabemos que las palabras que utilizamos sí importan: por eso, cuando se trata de hablar con alguien sobre un tema importante, solemos sentarnos a pensar antes qué decir y cómo hacerlo. Recordemos hace algunos años, cuando empezamos a trabajar o, tal vez, cuando estudiábamos en la facultad, todo el mundo hablaba de recursos humanos y sabíamos que era el grupo de personas en una empresa que se ocupaba de preparar los pagos de salarios, las comunicaciones de vacaciones, calcular los beneficios y recibir las quejas. Recursos humanos era el departamento donde tenían las fichas de los empleados, el primer lugar a donde nos enviaban cuando nos confirmaban en el puesto. Es decir, era un trabajo casi exclusivamente administrativo.

El “Departamento de talento humano”, sin dejar de lado los ineludibles trámites administrativos, se centra en identificar y desarrollar al máximo los talentos de los colaboradores de la organización; ubica a los mejores en posiciones de liderazgo y busca su permanencia.

Colaborar, no esperar órdenes

El término “empleado” supone la existencia de un empleador, alguien de mayor jerarquía, que ha decidido contratar a alguien para hacer determinadas tareas bajo órdenes específicas. Por eso celebro y utilizo hace ya mucho tiempo la palabra “colaboradora” o “colaborador”. La relación que establezco al hacerlo es una en que se comparten las responsabilidades. La persona a quien mi empresa ha contratado es alguien que sabe qué tareas debe realizar para alcanzar los objetivos comunes de la organización. Es responsable de sus propios logros y, al mismo tiempo, de los de la empresa; no se sienta a esperar órdenes, sino colabora para que, entre todos, cumplamos nuestra misión. La experiencia me dice, de todas maneras, que si una persona no quiere colaborar tampoco es capaz de cumplir órdenes a cabalidad.

¿Crecimiento o éxito?

Cada día me cuestiono más a qué llamamos “éxito”. Es indiscutible que los beneficios que recibe la empresa al cierre del año definen su éxito económico. Pero si nos ponemos a pensar en cómo hemos pasado el año, cómo estamos de salud, cuánto tiempo dedicamos a nuestras familias y si pudimos hacer aquello que tanto placer nos produce, es posible que tengamos que descontar unos cuantos guaraníes de nuestra cuenta.

Actualmente, las empresas piensan en el crecimiento personal de su equipo de colaboradores (incluidos los directivos), porque comprenden que cuanto mejor se siente una persona a nivel individual, desarrollando todas sus potencialidades, más tiene para dar de sí a su grupo de trabajo. Los programas de desarrollo personal que se llevan a cabo en las empresas apuntan a potenciar la confianza, la integridad, la lealtad y la habilidad para conseguir resultados. Y nadie duda de que estas cualidades pueden favorecer los resultados del equipo.

En otros idiomas

Hace un tiempo encontré en Netflix una película chilena que, además de hacerme reír hasta las lágrimas, me dejó pensando en esta cuestión de los términos. La historia transcurría en una agencia publicitaria, donde trabajaban personas de dos generaciones muy diferentes que hablaban con términos muy distintos. Por supuesto, la generación más joven utilizaba la terminología de marketing en inglés. Recuerdo que, en un momento, dos personajes empezaron una discusión sobre “líderes de opinión o influencers”. Una decía que era el mismo concepto dicho en inglés y la otra ni siquiera había escuchado jamás lo de “líder de opinión”. Además, le sonaba antiguo y autoritario.

Para mí que la segunda tenía algo de razón. Un líder de opinión era una persona que se situaba sobre el resto porque sabía más o era más inteligente (o, por lo menos, eso es lo que los otros pensaban, fuese real o no). Pero un “influencer” –o “influente”, en su versión en español– es alguien como el resto de los mortales, que hace o dice cosas que a los demás les parece genial.      Un influencer elige vestir de una forma determinada y allá van cientos, miles de personas que le dan “like” y tratan de imitarlo. No necesita convencer o dar razones sobre su elección: hay algo en esa persona que otros admiran y valoran lo suficiente como para tomarla como modelo.

En resumen, lo que quiero decir es que las palabras sí tienen importancia y no da igual usar un término u otro, así que debemos hacer un esfuerzo por mantenernos informadas sobre las cambiantes connotaciones. Y si queremos usar términos en inglés, porque al hacerlo sentimos que nos conectamos mejor con la gente que nos rodea, ¡adelante! Solo les recomiendo asegurarse bien antes de adoptar un extranjerismo, no es lo mismo “personal training” que “personal trainer” o “briefing” que “branding”.


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