Un grito suena en el Chaco

El pedido de auxilio se oye a lo lejos, no dejemos que el silencio gane.

Quaerere verum
JHOJHANNI FIORINI
@jhojhanni

A 900 kilómetros de distancia se oye un grito desgarrador, un pedido de socorro. En medio del ruido de la ciudad que ensordece con el sonido de los motores calientes, las bocinas de los autos y las discusiones de la cotidianeidad, el alarido se cuela entre nosotros. El llamado de auxilio proviene de una de las zonas más alejadas de nuestro país.

El Chaco hoy llora, sufre, se quema. La naturaleza arde desconsoladamente, sin que nadie pueda rescatarla. Hace días, la naturaleza libra una nueva batalla por su supervivencia, esta vez contra el fuego implacable que deja muerte y desolación a su paso. El panorama se tiñe de colores neutros mientras una humareda esconde la desgarradora pintura.

Todavía quedan las cicatrices de las luchas anteriores, marcas que dejaron la sequía, la deforestación y la contaminación. La experiencia nos dice que a pesar de todas las derrotas en batalla, la naturaleza siempre ganará la guerra. Incluso aunque esté moribunda y parezca que no hay esperanzas, la vida siempre se abrirá paso.

Pero, ¿y nosotros? Estamos dentro de esta guerra, y no estamos ubicados en el bando correcto. Parece lejano el grito, pero nos golpea directo en el rostro. Debemos reaccionar, acudir al llamado, defender la vida. Proteger nuestra seguridad, nuestro futuro como especie. Todos juntos, como humanidad.

Hoy podría ser ya tarde, pero, mañana tal vez podría ya no haber nada que hacer. Vivimos nuestra vida como si no dependiéramos de nadie más, como si lo que extrajésemos de la naturaleza fuera infinito. No es así, nuestro alimento, abrigo, hogar, incluso el aire que entra a nuestro pulmones depende de la victoria de la naturaleza. Defendámosla.


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