Un veto que pasó casi desapercibido

En medio del estrépito causado por el “acta secreta de Itaipú”, el Poder Ejecutivo vetó la ley sancionada bajo el nombre de Ñande energía.

Sin mucha trascendencia y en medio del estrépito causado por el “acta secreta de Itaipú”, el Poder Ejecutivo vetó la ley sancionada por el Congreso bajo el nombre de “Ñande energía” y que no es sino uno de los tantos despropósitos a los que nos tiene acostumbrado el legislativo. El ejecutivo alega que “los recursos de las entidades binacionales deben ser transferidos a los Estados partes en la forma prevista en los tratados internacionales, sin que una ley ordinaria pueda determinar montos adicionales no previstos en los tratados y sus anexos, cualquiera sea su cuantía”. Ya lo dijimos en su momento en este espacio editorial. Esos fondos no sólo están blindados contra cualquier otro uso que no sea el determinado por los tratados (de Itaipú y de Yacyretá) sino que además ya están invertidos hasta el último dólar antes incluso de ser transferidos al tesoro público. 

Pero además, la ley atacaba a fondo la estructura de ingresos de la Administración Nacional de Electricidad generándole recortes drásticos cuyas consecuencias hubieran sido impredecibles en caso de entrar en vigencia el mamotreto legal. Nos preguntamos nuevamente: ¿Se hizo correr un modelo sobre los estados contables de la entidad con la “estructura” de tarifas retocada de manera tan brutal? Es obvio que no. Había allí argumentos de sobra para rechazar in totum la ley. Pero el Poder Ejecutivo, rehuyendo la trampa populista, prefirió recurrir al argumento, también gravitante, de la rígida regulación que, por tratado, tienen los fondos de responsabilidad social y ambiental. Es de esperar que los honorables no se les ocurra dar una vuelta de tuerca sobre el tema. Porque la energía que se gasta en todas estas tonterías deberían reservarse para debates más productivos, por ejemplo, una verdadera reforma del sistema energético nacional. 

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