Hechos aislados

Es imposible aspirar al progreso, cuando las calles se manchan de sangre

En primera persona
Samuel Acosta
@acostasamu
PERIODISTA

Una mujer caminaba por la zona de la Costanera Norte cuando de repente se encontró en medio de una persecución a balazos, un capo narco estaba siendo rescatado y la escena dibujaba la imagen confusa de un guardia arrojando un arma al techo de una vivienda. Estruendo, gritos, choques de vehículos y un oficial de la Policía muerto pintaban de tragedia aquella tarde.

Cuando todavía no se digería del todo la noticia otros dos crímenes ocurrieron casi en simultáneo. Al intentar robar un camión de caudales un hombre de resguardo termina asesinado, mientras, minutos después, una conocida tienda de venta de alimentos era asaltada en la misma zona.

En ambos casos los ciudadanos que esperaban el bus registraban con sus aparatos electrónicos las imágenes de un asfalto teñido de sangre. Y si el silencio de las autoridades nacio­nales ya de por sí generaba molestia, la rabia explotaba cuando se calificaron de “hechos aislados” a casos donde familias perdieron a sus seres queridos.

Es que las fuerzas públicas viven a mer­ced del poder criminal. Con oficiales casi desarmados, chalecos antibalas obsoletos, vehículos sin combustibles y una cúpula judicial tan corrupta que enfrentar al crimen organizado en estas condiciones es casi una sentencia de muerte.

Ayer, a raíz de todos estos hechos ex policías se manifestaban exigiendo la destitución del ministro del Interior y pedían mayor seguridad para sus colegas activos, y mientras esto sucedía, otro violento asalto conmocionaba la calurosa tarde asuncena. Segu­ramente, este nuevo episodio es otro “hecho aislado” para un ministro que no admite su inutilidad y un presidente que olvidó que llegó al poder con el eslogan “de la gente”, y no, para proteger privilegios de “su gente”.

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