Metástasis

La consolidación del proceso de copamiento del Estado por parte de las mafias y el narco, que empezó hace unos años, y no tiene soluciones agradables.

Por Juan Torres | Periodista | Política

 

El rescate del jefe narco alias Samura- que pudo haber sido también la entrega de alguien más- nos sacudió de la modorra en la que vivíamos. Hechos así, o peores, ocurren con regularidad en Amambay y otras regiones del país, pero nos parecen lejanos. Lo mismo podemos decir de las incursiones selváticas del EPP. Creíamos estar a salvo.

 

Como periodista y ciudadano vengo diciendo hace un par de años que mi mayor temor era que la ola de ataques violentos llegara a la capital y a Central, no sólo por la pérdida de vidas y el daño a la imagen país- lo cual repercutirá en la economía- sino también por el descalabro que puede causar en nuestra debilitada democracia.

 

Hoy, tenemos representantes en el Congreso que fueron elegidos con dinero del narcotráfico y le responden a sus líderes. Tuvimos incluso expresidentes con abierta reputación de capos mafiosos. No pasó en otro país de Occidente, que yo recuerde. Pero nosotros veíamos horrorizados las noticias que llegaban desde México y Colombia, creyendo que éramos otra cosa.

 

La realidad es que aquí no teníamos los mismos niveles de violencia porque no era necesario. Las organizaciones criminales operaban sin ningún límite y, muchas veces, aliados al poder político del más alto nivel. Es así que, al igual que Londres o Hong Kong son centros financieros globales, nuestro país fue afianzándose como un “hub” confiable del delito, ofreciendo “servicios” como el lavado de dinero, envío de droga y armas, contrabando, falsificación de productos, trata de personas, venta de pasaportes y cambio de identidad a criminales internacionales, por citar solo algunos.

 

Esta sociedad, que es de las más corruptas del mundo, no está desligada de nosotros, es nuestro reflejo. Sus mayorías terminan votando a gente que en otros países estaría, como mínimo, prófuga. Hay un blanqueamiento social del crimen porque “mueve la economía” o si es un delincuente con poder “le ayuda a la gente con su plata”.

 

Un país así está condenado al estancamiento económico y a la emigración masiva de jóvenes porque tarde o temprano acaba convirtiéndose en una narcodictadura al capturar las instancias más altas en los 3 poderes y en el Ejército. Como suele haber tantos casos judiciales en contra de ellos y un repudio social importante, se aferran al poder como una cuestión de vida o muerte y empieza la desintegración de la República. Es lo que pasa en Venezuela, como ejemplo más grave.

 

El Comando Vermelho pudo haber liberado a Samura poco antes de haber salido de la cárcel de Emboscada y la huída hubiera sido más rápida y sencilla. Da miedo pensar que lo hicieron en Asunción y frente a las narices de todo el aparato de inteligencia y seguridad del estado para demostrar que son absolutamente vulnerables ante ellos y como amenaza para que no se atreviera a seguir persiguiéndolos. Un desafío al poder establecido en el que salieron ganando y les confirma que en frente tienen a un rival muy débil.

 

El diagnóstico golpea anímicamente pero no podemos rendirnos, porque para bien o para mal, los países no cierran y mientras sigamos aquí hay que dar pelea. Pero ningún tratamiento es agradable.

 

Podemos optar por desistir de la lucha contra estos grupos criminales y permitirles operar en nuestro territorio mientras no causen muertes por fuera de sus enfrentamientos internos o con bandas rivales, haciendo dinero con la complicidad de nuestras autoridades. Ésta fue la receta que se aplicó en los últimos años y es una que alivia los síntomas pero que a largo plazo es muerte segura.

 

O podemos salir y enfrentarlos abiertamente con todas las fuerzas de seguridad buscando un pacto social y político sólido que nos permita derrotarlos y expulsarlos a largo plazo. Ésa es una estrategia que va a costarnos muerte y dolor pero es la única que nos va a permitir salvar a la República.

 

La clave será explicárselo a la gente y esperar que apoyen a las fuerzas constitucionales del país porque, lastimosamente, muchos tienen cierta fascinación por los corruptos y criminales “exitosos”. Lo claro es que padecíamos un cáncer en reposo pero ya empezó la metástasis.

También podría gustarte