Por culpa de un sombrero

Stephanie Hoeckle – Directora de Oui Oui  
[email protected]

Mi abuela, que siempre tenía explicaciones para todo, solía decirme cuando era chica que la gente ya no saludaba, porque había dejado de usarse el sombrero. En ese entonces, yo no entendía muy bien lo que ella quería decir, hasta que, hace poco, leyendo el libro Historia de la cortesía, de Frédéric Rouvillois, me encontré con el mismo razonamiento. El cambio en la moda, que empezó en los años sesenta, pudo haber afectado la práctica del saludo, que, anteriormente, y en especial en el caso de los varones, estaba asociada al ritual de sacarse o subirse el sombrero para dar los buenos días o las buenas noches. Ante mis ojos tuve, entonces, la revelación: el origen de nuestra descortesía, lo que nos lleva a no saludar, ni responder emails o dejar en visto a quienes nos escriben por WhatsApp, ¡podría estar en un simple sombrero!

Como ya no es posible depender de ese accesorio para justificar nuestro comportamiento, es el momento de poner en pasarela a la cortesía y de afirmar que no pasará de moda. Aunque digan que sea una palabra que remite a lo antiguo, encorsetado y poco cool, muchas de sus reglas siguen siendo necesarias. Más allá de los cambios tecnológicos y sociales que experimentamos, tienen un importante significado en nuestra manera de convivir con los demás.

Alguien cortés sabe de respeto y buenas costumbres, atributos que contribuyen a su buen nombre o, como los relacionistas públicos decimos, a su capital de reputación personal y profesional. Por eso, sorprende que haya personas bien preparadas, ocupando puestos importantes en empresas, que aún desconozcan su poder.

Es cierto que vivimos atosigadas de trabajo y actividades, con el smartphone siempre encendido y una bandeja de entrada llena de emails, pero ¿eso nos habilita a no saludar cuando entramos a un lugar, a fijar la vista en el teléfono mientras nos hablan, a llegar tarde a una cita o a no responder a todos los correos que recibimos? Confieso que una de las pruebas más difíciles para mí es tratar de ser amable cuando me llaman al celular a ofrecerme por trigésimo tercera vez los servicios de telefonía, a pesar de haber pedido encarecidamente que eliminen mi nombre de su listado. Afortunadamente hay algunos tips que nos recuerdan cómo ser profesionales corteses.

Saludo: No importa el cargo que tengamos en una empresa, nadie está exento de saludar a sus jefes, compañeros y colaboradores. Si utilizamos WhatsApp, un breve saludo al iniciar un mensaje es básico. Resalto esto porque hoy mucha gente te escribe directamente, haciendo de cuenta que uno está a su lado todo el tiempo. Se valora la precisión y la brevedad del mensaje, aunque saludar y despedirse no le hacen daño a nadie; por el contrario, demuestran que ponemos atención en el otro. Eso sí, a un cliente bastará con darle los buenos días de cortesía; no hace falta añadir: “¿Cómo amaneció?” o “¿Qué tal su día?”.

Respuestas: Si nos escriben al correo electrónico es importante responder dentro de las 24 horas (aunque sea una respuesta automática), y si es por WhatsApp, inmediatamente después de haber leído el mensaje. Por lo tanto, si no estamos en condiciones de responder, es mejor no revisar el celular o explicar que se responderá en breve. La honestidad en las respuestas también es clave: si una propuesta no nos interesa, es mejor decirlo claramente y no dar pie a que más adelante vuelvan a hacernos la misma oferta. Si, en cambio, el tema nos interesa y nos piden una cita, ofrezcamos una fecha. Como dato extra, no es descortés informar nuestro horario disponible para la reunión, de principio a fin.

Reuniones: Además de la puntualidad, lo correcto en una reunión es apagar el celular o avisar de antemano si se espera un llamado urgente para atenderlo fuera de la sala. Es muy común que hoy nos apoderemos del primer enchufe disponible para recargar el celular o la notebook, pero eso jamás debe hacerse sin el permiso de quien dirige el encuentro. Igual atención merecen detalles como la temperatura del aire acondicionado. Lo cortés es consultar a los asistentes si están cómodos y disponer lo que resuelva la mayoría.

Prudencia y discreción: Con una vidriera tan grande como las redes sociales, resulta cada vez más difícil ser prudentes y discretos con las informaciones y las imágenes que manejamos. Pero en un ambiente laboral la prudencia es de rigor. Al enviar mensajes es mejor no apelar al humor ni al sarcasmo, como tampoco compartir fotografías, ni hacer chistes o críticas mal intencionadas relacionadas con jefes y compañeros. Si se maneja una información delicada, la discreción no solo será propia de una persona que practica la cortesía, sino de alguien inteligente y emocionalmente maduro. Lo cortés no quita lo profesional.

También podría gustarte