Una caja de sorpresas

Cuando dijo que “este no es año para macanear con el PGN” se deduce que en años anteriores sí se “macaneó”. Y en grande.

“Parece que viven en otro país, en donde no hay crisis… Este no es un año para macanear con el Presupuesto… Debería haber una regla para todos, no sólo para el prepotente con más fuerza en la calle…”

Créase o no –como sentenciaba el viejo Ripley-, son expresiones del Ministro de Hacienda durante la presentación del sitio Web de inversio­nes del Gobierno durante la cual compartió un rosario de definiciones de inusual contundencia.

Por un lado, externó una especie de hastío por tener que repetir que no hay forma de conceder aumentos en el servicio público si a los mismos no corresponde un ingreso de recursos equivalente. Por el otro, una confesión no forzada cuando dijo “este no es año para macanear con el PGN”, de donde se deduce que en años anterio­res sí se “macaneó”. Y grande, si se revisan las planillas salariales de las instituciones públicas, desbordantes de personal innecesario empotrado por caudillejos políticos de diversa calaña, posee­dores de cupos para “en­chufar” paniaguados en las oficinas del Gobierno.

Y también puede inter­pretarse como una aper­tura de paraguas ante el inminente tratamiento del proyecto de ley PGN- 2020 en el Congreso, con legisladores habituados a dibujar cifras a gusto y paladar para calmar el hambre de aumentos de una claque funcionaria enviciada con la vida fácil, “como si vivieran en otro país, sin crisis económica” para citar al ministro de Hacienda.

El Gobierno está contra la pared. Tiene que encontrar la fórmula idónea para no perforar la ley de responsabilidad fiscal echando mano a recursos legítimos con los cuales financiar obras públicas sin aumentar el endeudamiento.

Y encima, gambetear la horda de pedigüeños que creen que la plata crece en los árboles.

Vaya clima para gestio­nar finanzas públicas.

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