El zorro al cuidado del gallinero

Si son incapaces de dar el ejemplo eliminando personal innecesario, ¿cómo esperar que lo hagan con las demás oficinas del Estado?"

Si la ciudadanía confia­ba en que el Congreso aplicaría una política de racionalidad –ya que austeridad sería pedirles demasiado- en el estudio del Presupuesto Gene­ral de la Nación 2020, lamentamos decirle que ha perdido el tiempo. Y ha malgastado tam­bién sus esperanzas.

El Congreso es el más vivo ejemplo del dispen­dio, del gasto inútil, del derroche más obsceno y reprochable. Pero pongamos las cosas en su debida dimensión.

No nos estamos refirien­do al gasto legítimo en cuanto a la operación del Poder Legislativo, un órgano clave en el funcionamiento de la República. Los senadores y diputados tienen en sus manos la formulación de leyes y la vigilancia del proceso democrático, como caja de resonancia de inquietudes ciudada­nas. Hasta ahí, todo bien.

Pero ocurre que el caciquismo que aún infecta a muchos de sus miembros ha tomado el Congreso como agencia de empleos para colocar paquitas, operadores políticos, familiares y entenados varios finan­ciados por los contri­buyentes. Para saltar sobre la ley de la función pública, han creado una demencial cantidad de cargos jerárquicos como directores, directores generales, coordinadores y jefes de departamento la abrumadora mayoría de los cuales no dirigen ni coordinan nada, sólo cobran salarios de entre 10 y 24 millones. La prueba de que no piensan ahorrarle ni un penique al contribuyente es que ni siquiera han planteado eliminar a los parlasurianos, 18 pará­sitos presupuestarios que no sirven para nada en un parlamento inútil al que nadie hace caso y con fecha de venci­miento muy cercana.

Si son incapaces de dar el ejemplo eliminando per­sonal innecesario, ¿cómo esperar que lo hagan con las demás oficinas del Estado? Poner al zorro a cuidar el gallinero nunca fue una buena idea. El Congreso lo demues­tra cada año fiscal.

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