Gig economy: ¿Las nuevas relaciones laborales?

MARYSOL ESTIGARRIBIA
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La gig economy “desata la innovación y crea una economía emocionante, pero también plantea preguntas acerca de la protección en el puesto de trabajo y de cómo serán los empleos del futuro”. Sin saberlo, Hillary Clinton, exdirigente política y candidata a la presidencia de los Estados Unidos, estaba hablando de, digámosle así, la segunda vida de “la changa”. En Paraguay sabemos de qué habla y eso, que era considerado una vía hacia la precarización laboral, puede ahora hacerse con garantías para las partes. Aquella forma tradicional de relación laboral flexible, en la que quién precisa completar una tarea contrata temporalmente al idóneo que más eficiente le resulta, sin que las partes tengan más obligaciones. La gig economy, por definición, es temporal, no aspira a la exclusividad, los contratados realizan trabajos por resultado específico y son remunerados por cumplir ese único servicio. El cliente contratante renuncia a tener un empleado con sus costos adicionales y quien vende el servicio depende exclusivamente de sí mismo y su capacidad de atraer y cumplirle a sus clientes.

ASCENSO DE LA GIG ECONOMY

La Gig economy seguramente va a ir adaptándose a esta época, pero volvió para quedarse. Cuando empecé a comentar esto con varios colegas en Paraguay todavía no teníamos aquí plataformas de servicios.

Me respondían que este mecanismo era la vuelta de los trabajos informales que nunca se fue, quizás esta versión nueva reconfigura un mecanismo que ya estaba instalado entre nosotros.

Estamos, probablemente, ante una vieja costumbre remozada, actualizada: es una consecuencia de la cuarta revolución industrial y puede ser excelente si logramos articularla sobre mejores cimientos. Como todo cambio, tiene sus luces y sombras y se trata de aprovechar unas y atenuar las otras.

Los que solamente ven lo positivo, enfatizan la autonomía que permite. Los que prefieren ver las oscuridades, subrayan que puede ser un mecanismo de precarización de los derechos laborales, tan dolorosamente obtenidos. No es pura luz ni sombra pura, pienso yo: Los trabajos esporádicos, temporales o “por proyecto” existen desde siempre, no son una novedad de Sillycon Valley. Lo que ocurre es que, más allá de los trabajos freelance o “temporales” de siempre, la tecnología actual permite acceder a nuevos modelos de negocios como Muv, Lift, Airborn y otros que aceleran la expansión de la tendencia.

Cumplir horarios fijos y trabajar en una única oficina, han sido marcadas características de muchos empleos durante los siglos XIX y XX; teniendo en cuenta la tecnología y el auge de los medios de comunicación, esos típicos ejemplos de “trabajo” resultan muchas veces obsoletos y probablemente innecesarios.

LA EMPLEABILIDAD

Quizás, más allá de ponernos de un lado o del otro, el análisis que deberíamos hacer sobre el nuevo escenario, que sigue cambiando y transformándose, es asumir que tal vez, la división entre empleadores y trabajadores nunca fue el eje verdadero de las relaciones laborales. Que no debió ser nunca la cuestión central y que, ni ahora ni en el futuro, debe serlo: el desafío es concentrarnos en la empleabilidad.

La empleabilidad es, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “la aptitud de la persona para encontrar y conservar un trabajo, para progresar en el trabajo y para adaptarse al cambio a lo largo de la vida profesional”.

Esa aptitud marca en buena medida si podemos obtener el salario necesario para satisfacer en el presente y en el futuro nuestras necesidades y la de nuestras familias.

Dado que el escenario está cambiando, sea por las nuevas generaciones, las facilidades de la tecnología y los nuevos modelos de negocios emergentes… ¿no podríamos desafiarnos, como Francia por ejemplo, y adaptar los marcos regulatorios? Quizás, ampliando esa normativa para permitir que cada uno pague/aporte con el producto de su empleabilidad y que, en base a ello, tenga cobertura de salud, jubilación y otras prestaciones sociales…

Recordemos que la tecnología Blockchain permite trazabilidades y garantías que eran impensables hace muy poco tiempo. Y, aunque es cierto que tenemos normas que hoy permiten el aporte independiente, sería bueno analizar y fomentar un marco legal de incentivo en este sentido. Incluso ¿no deberíamos tener un marco regulatorio o entidad de control para sistemas de salud y jubilación de modo a tener más opciones más allá del IPS?

OTRO ESCENARIO PARA OTRAS RELACIONES

El escenario, el enfoque final y el foco de la cuestión, quizás ya no sea determinar quién es el empleador y quién el trabajador, ni si se le cuelga el rótulo de quién está encima o abajo ¿será ya el tiempo de ir abandonando los prejuicios y darle espacio a la fluidez?

El foco, en la nueva economía colaborativa, quizás debería estar en como permitir que la empleabilidad cumpla con las metas concretas que las personas buscamos: pagar un techo sobre nuestras cabezas, tener posibilidades de crédito, solventar la alimentación, salud y educación de nuestros seres queridos y ahorrar para una vejez tranquila, sin importar quién es el empleador y el empleado.

¿Es posible alcanzar esas metas? Por supuesto que lo es; requiere formalización, requiere nuevas normas, requiere mirar otras culturas y marcos regulatorios que aprovechan los nuevos rumbos y se van adaptando.

Requiere salir del esquema rígido de empleador y empleado, y trabajar en conjunto en reglas de juego más modernas que alienten actividades laborales realmente decentes, dignas y gratificantes.

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