Soborno, rey de la corrupción

En su libro “Infame condición: democracia, pobreza y corrupción en el Paraguay”, lanzado en 2016 y cuyos datos no han perdido nada de actualidad, el abogado Daniel Mendonca aborda el tema de la corrupción como uno de los factores desestímulo a la inversión.

Pocos quieren radicar capitales en un sistema en que las prácticas deshonestas se lo comen literalmente vivo.

La contabilidad de esas acechanzas adquiere visos verdaderamente delirantes.

“La forma más común de corrupción es el soborno –afirma Mendonca- siendo los principales los que hay que pagar para acelerar un servicio o para acceder al mismo, así como los sobornos para sesgar decisiones clave.

Para los funcionarios públicos, los sobornos representan un 30% de sus ingresos oficiales.

El 27% de los cargos se obtienen a cambio de pagos y en ese contexto, los usuarios deben pagar un 5% de sus ingresos para mantener la corrupción en general. Las empresas, mientras, dedican el 11% de sus ingresos a sobornar funcionarios. Esto representa un 33% de sus beneficios y aproximadamente el 2% del ingreso de los usuarios”.

Este catálogo de exacciones no sólo persiste sino que debe haberse profundizado desde la toma de muestras revelada por el constitucionalista en su libro.

No hay otra manera sino ésa de entender la aparición de fortunas súbitas y una movilidad social ascendente no basada en méritos y aptitudes personales sino en el uso del Estado como “tool box” de maniobras inmorales para el enriquecimiento ilícito.

Este Gobierno no está dando la tan anunciada batalla contra la corrupción.

Sigue atascado en las mismas indecisiones e inconsecuencias que caracterizaron a sus antecesores, que se fueron dejando un Estado carcomidos en sus cimientos y al borde de la inestabilidad.

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