Es solo cuestión de actitud

Benito Barros Muñoz
Ingeniero Comercial
Magister en Negocios Internacionales
Doctor © en Administración y Economía
Director General CFT Pontificia
Universidad Católica de Valparaíso, Chile.

En cierta ocasión se presenta sin aviso a mi oficina, una humilde mujer, sin una formación formal académica, con problemas de expresión y lenguaje y con muy pocos conocimientos y competencias. Me comentó que era madre y padre de tres pequeños y que necesitaba con urgencia un trabajo, aunque fuera por el sueldo mínimo, ya que no tenía ningún apoyo económico, pero tenía la dignidad de no recibir caridad, sino que sólo una oportunidad. En ese momento yo estaba en proceso de selección de una asistente, cuyo perfil era de alta exigencia. Al día siguiente esa humilde mujer comenzó con un trabajo a prueba de seis meses. Su disposición, entrega, capacidad de trabajo, capacidad de aprendizaje, su forma de tratar a las personas, la hizo acreedora de una alta valoración. Por nuestra parte la integramos a un programa complementario de formación en lecto escritura, computación, protocolo, atención al cliente, y a poco andar se transformó en una de las mejores colaboradoras, de las más de 750 personas que trabajan en mi empresa. Hoy después de 7 años, logró estudiar y sacar un título profesional, ha ido ascendiendo en nuestra organización, y es una persona con un grado de compromiso tan elevado, un nivel de agradecimiento, una valoración, respeto y pasión por su trabajo, que irradia y contagia a todos aquellos que las rodean. Con 10 como ella, mi organización podría marchar mucho más rápido en el fortalecimiento institucional. Es sólo una cuestión de actitud.

La actitud está tipificada como la disposición personal y definida como “la disposición subyacente que, con otras influencias, contribuye para determinar una variedad de comportamientos en relación con un objeto o clase de objetos, y que incluye la afirmación de las convicciones y los sentimientos acerca de ella y sobre acciones de atracción o rechazo”. En la organización nos encontramos con personas con diversos tipos de actitud, por ejemplo:

a) Actitud positiva: Vamos adelante, apoyamos toda iniciativa, vamos que se puede. Todo desafío tiene un camino para llegar a él y todo problema, tiene una solución. Siempre ven el vaso medio lleno, llenan de luz y alegría el espacio y a las personas que los rodean, aceptan los cambios, y los consideran una oportunidad para crecer. Su compromiso con la institución y el respeto a las autoridades es siempre manifiesto.

b) Actitud ganadora: Personas que aceptan los desafíos, le gustan los trabajos con altos estándares, disponen sus mejores herramientas y se comprometen con todo su esfuerzo, por alcanzar las metas planteadas. Son competitivos, muchas veces individualistas, tienen una alta resistencia al fracaso y son altamente resilentes.

c) Actitud negativa: Cada vez que la dirección y gerencia desea propiciar un cambio, su disposición es derrotista, enemigos declarados de cualquier cosa que los pueda sacar de su estado de confort. Siempre ven el futuro con pesimismo, el vaso medio vacío, un aura negra los cubre y su nivel de influencia sobre los demás, suele ser muy alto.

d) Actitud perversa: Hacen daño, a la empresa, a los compañeros, a sus jefaturas, a los clientes. Su disposición es buscar permanente vías para generar caos, retardar los procesos, obstaculizar las decisiones. Un cáncer en la organización interna.

e) Actitud desafiante: Son personas que en todo momento presentan problemas, se oponen a todo, abiertamente o a través del rumor y las comunicaciones informales. Son confrontacionales, contestatarios y una pésima influencia a las personas que desean avanzar. Su disposición es siempre crítica con la autoridad y aparte de su disconformidad permanente, buscan influir en los más débiles de la empresa.

f) Actitud indolente: Está referido a aquel grupo de personas que trabajan con el mínimo esfuerzo, buscan excusas para sacarle la vuelta al trabajo, enferman permanentemente, piden permiso, amantes del café y del cigarrillo en diversos momentos del día, con bajísimo compromiso y con un aporte mínimo en la gestión de la empresa. ¿Por qué trabajas? ¡Por el sueldo!

Ahora viene la pregunta relevante: ¿En qué categoría están nuestros trabajadores? Tenemos algún mecanismo de medición y diagnóstico en que podamos categorizar a todos nuestros trabajadores en las diversas categorías. Por ejemplo si un 50% de nuestros trabajadores se encuentran en las categorías c. d y e, enfrentamos una empresa con conflictos permanentes, muy baja productividad, mala percepción de calidad en el servicio, incumplimientos reiterados, alta tasa de reclamos, pérdida de clientes, pérdida de ventas y reducción de la rentabilidad. Qué importante resulta entonces el desarrollo de una estrategia de fortalecimiento de las competencias actitudinales, en la proyección y futuro de las organizaciones y sus resultados.

Es por ello que en la próxima nota, enfrentaré el desafío de diseño y aplicación de una metodología constructiva, para mejorar la disposición de las personas. Para las empresas ganadoras y de éxito, se trata SÓLO DE UNA CUESTIÓN DE ACTITUD.

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