BLINDARSE CONTRA LAS MAFIAS DE LAS CAJAS

De nuevo se empieza a
hablar de crear por ley
la superintendencia de
fondos jubilatorios, una
deuda institucional que
se mantiene desde hace
años por las presiones
ejercidas por las claques
y dinastías sindicales y
administrativas de cajas
algunas de las cuales están
literalmente quebradas.

Uno de los intentos
legislativos cayó en el
vacío cuando luego de ser
aprobado en Diputados,
rebotó en el Senado y
finalmente fue al archivo.
Uno de los considerandos
del proyecto frustrado era
muy claro en donde dice:
“La regulación del sistema
de jubilaciones y pensiones
está peligrosamente
incompleta, pues gran
parte de las actividades
del sistema no están
supervisadas de un modo
adecuado, por lo que es
preciso crear una entidad
de supervisión centralizada
y con un marco
regulatorio completo”.

La iniciativa del Poder
Ejecutivo propendía a
crear no sólo la superintendencia
de jubilaciones y pensiones sino además un
consejo asesor del sistema
y un marco regulatorio
para la inversión de los
fondos resultantes.
Es de esperar que este año
los legisladores no se dejen
intimidar tan fácilmente
por las patotas sindicales
que acampan frente al
Congreso cada vez que se
intenta estudiar este proyecto.
Las cajas mutuales
tienen que entrar en el
corsé de la supervisión. No
deben permanecer por
completo fuera de la
órbita del BCP, al igual
que otro cometa sin
rumbo que es el sistema
cooperativo, auto auditado
por ese órgano endogámico
llamado Incoop.

Ambos sistemas captan
cantidades siderales de dinero
y deben estar rigurosamente
monitoreados por
el BCP, tal como se hace
con el sistema de bancos,
financieras y empresas
de seguros. Es imperativo
que el Congreso se
blinde contra las mafias
enquistadas en estas cajas
y apruebe de una buena
vez este marco regulatorio
imprescindible para la
sostenibilidad del sistema.

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