El antes y el después del bebé

POR JOSEFINA BAUER
iNVESTIGADORA

Tener hijos marca un antes y un después en la vida de un ser humano. Los intereses
cambian, la forma de relacionarse con las marcas varía y la mirada hacia el mundo se
modifica. Por eso es significativo saber si la mayoría de tus clientes tiene o no hijos.
Las personas que aún no son padres compran y consumen pensado constantemente
en sí mismos. Es por eso que este grupo se comporta de manera peculiar con los
gastos. Son menos previsores con el dinero y más impulsivos; son menos planificadores,
viven el momento y las experiencias.

Tienen muchas primeras compras que los llevan a la independencia, como los
electrodomésticos, su primer vehículo, etc. El punto de inflexión en la vida de un adulto
no está en casarse, sino que ocurre en el momento exacto cuando llega el primer
bebé. Este hecho marca un antes y un después en la vida de un consumidor.
Una vez que las personas tienen hijos dejan de pensar en sí mismos y empiezan
a pensar en conjunto. Ya no pueden ser tan impulsivos con las compras,
dado que cuentan con obligaciones y necesidades que cubrir. Sus actividades
pasan a ser pensando de forma familiar, integrando las necesidades de sus hijos.

Las discotecas o bares se cambian por plazas y cumpleaños infantiles. En esta
etapa varían el comportamiento de compra, los gustos, la manera de gastar
y la distribución de los ingresos. La gran diferencia en el cambio del actuar no se
da tanto por la edad o el estado civil, sino por los hijos, ya que existe una madurez
acelerada en el proceso de ser padres.

Ambos segmentos son buenos y malos, dependiendo del rubro. Ninguno de
ellos es mejor que el otro, lo negativo es el desconocimiento de a qué grupo
pertenece la mayoría de tus clientes, ya que cada uno de ellos requiere de un
abordaje completamente distinto.


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