La educación y su contribución al capital humano

[email protected]

La educación es uno de los principales factores que direccionan a una sociedad hacia su desarrollo integral tanto en lo económico como en lo social. Es, por tanto, un instrumento de la política pública que fortalece los principales pilares de un país como la innovación, la productividad y el crecimiento económico, que, acompañados de otras políticas sociales y económicas generan efectos positivos en el nivel de ingresos de las personas y disminuyen los niveles de pobreza e inequidad.

De ahí la importancia de analizar la educación, ya que ella es un determinante de las capacidades personales, y por ende la productividad y el bienestar de los individuos de una sociedad.

EL APORTE DEL CONOCIMIENTO EN LA ECONOMÍA

La idea del capital humano en su sentido empírico se remonta ya mucho antes de que la teoría haya sido expuesta conceptualmente. Desde la época de los clásicos, el concepto intrínseco del capital humano se utilizó para explicar cómo la formación del trabajador posee efectos en el trabajo. Adam Smith, en su obra La Riqueza de las Naciones señaló que muchas desigualdades en los niveles de ingresos surgen a partir de las diferencias de las naturalezas de los empleos y de cómo esto afecta a la ganancia pecuniaria.

Una de las causas mencionadas por Smith fue que “El salario del trabajador varía a proporción de la facilidad o dificultad del aprendizaje, según lo caro o barato que sea” para ello utilizó un paralelismo entre un hombre educado como una costosa máquina y alegó “Un hombre educado a expensas de mucho trabajo y tiempo, en cualquiera de aquellos oficios que requieren una destreza y pericia extraordinaria, debe compararse a una de estas costosas máquinas”. Mediante esta comparación, el autor buscó posiblemente darle valor a la educación y explicar cómo el trabajo ayuda a formar el capital.

Posteriores investigaciones, posibilitaron el estudio de la formación y la capacitación resaltando sus efectos en la actividad económica. Dentro de la corriente neoclásica, se encuentran los trabajos de Alfred Marshall, quien se refirió a las fuerzas que actúan sobre la oferta de trabajo y generan desventajas acumulativas en la posición de negociación de los trabajadores, dado que el trabajador conserva su propiedad de lo aprendido en la capacitación y la formación para y durante el trabajo, acumulando capital humano que lo hace cada vez más valioso.

INSERCIÓN DEL CAPITAL HUMANO EN LA TEORÍA ECONÓMICA

Luego de los trabajos expuestos por los clásicos y los neoclásicos, pasaron varios años para que las ideas se congenien y se desarrolle lo que se conoce como Teoría del Capital Humano (TCH) en sí. En sus inicios, este elemento fue utilizado para explicar ciertas variables macroeconómicas como el ingreso nacional, debido a que además del capital y el trabajo era necesario incluir un tercer elemento, en el cual se incluía el conjunto de habilidades y capacidades de los trabajadores.

A mediados de los años 60, Denison, Schultz y Becker formularon la Teoría del Capital Humano, donde plantearon que la educación debe ser considerada como una inversión que realizan los individuos que les permite aumentar su dotación de capital humano, tanto o más que la compra de bienes de capital, aportando de manera determinante al crecimiento económico de los países, en virtud de su nexo directo con la productividad.

Por medio de estos estudios, estos autores demostraron cómo el mayor conocimiento y el desarrollo de las habilidades son factores esenciales para fortalecer el crecimiento económico de un país y cómo las diferencias en los niveles de ingresos se pueden explicar a partir de este elemento.

SITUACIÓN DE LA EDUCACIÓN EN PARAGUAY

Los últimos datos de la educación publicados por la Dirección General de Estadísticas Encuestas y Censo (DGEEC) muestran que, si bien las cifras en educación han mejorado en comparación a 10 años atrás, aún queda una amplia senda por recorrer considerando la incidencia de la educación en el desarrollo del país.

En Paraguay el promedio de años de estudio de la población mayor a 10 años es de 8,8 años siendo este valor 1,1 años más en comparación a 10 atrás. En cuanto a la asistencia, desagregando por niveles de edad se aprecia cómo esta varía. El 98% de la población de 6 a 9 años de edad asiste a clases, pero a medida que aumenta la vara de los años se observa cómo esta participación va disminuyendo, ya que la asistencia de la población de 10 a 14 años es de 96% y la de la población de 15 a 17 años de edad es de 82%. Así, finalmente 6 de cada 10 niños, niñas y adolescentes que inician sus estudios, no concluyen la educación media.

La menor asistencia a medida que aumenta la edad podría verse relacionada directamente con el nivel de ingresos de la familia de la cual forma parte el niño o adolescente. Un niño o adolescente que integra una familia que se encuentra en una situación de vulnerabilidad tiene una mayor probabilidad de abandonar sus estudios dado que necesita incorporarse al mercado laboral antes de tiempo para ayudar a sustentar las necesidades del hogar.

Por otro lado, 6% de las personas de 15 y más años son analfabetas, es decir, no tienen la capacidad de leer ni escribir. A las que deberían sumarse aquellas que, habiendo asistido a algún grado o curso de la educación formal, enfrentan dificultades para comprender y desarrollar las tareas asignadas.

De esta manera, las estadísticas no son muy alentadoras y urgen políticas que ayuden a mejorar este aspecto. Más allá de ser un factor relacionado con el desarrollo de una persona y con ello de un país, la educación es un derecho humano. Por ello, debe ser prioridad tanto del gobierno como de la sociedad misma mejorar las condiciones en las que los niños y adolescentes paraguayos acceden y se forman en el sistema educativo, de modo a garantizar su formación integral como personas y como miembros de la sociedad, capaces de aportar a su desarrollo.


También podría gustarte