Liquidación del IRP del 2019 y la Reforma

HORACIO SÁNCHEZ PANGRAZIO
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Es lo mismo, pero ya no es igual. Cada vez que empieza el año, los contribuyentes del Impuesto a la Renta Personal (“IRP”) asumen la realidad de los hechos, que son tercos. Preparan sus liquidaciones para presentar las declaraciones juradas correspondientes al ejercicio fiscal del año anterior. Sin embargo, de cara al ejercicio fiscal 2020, el cumplimiento de estas obligaciones presenta nuevos aspectos, pues con la entrada en vigor de la Ley N° 6.380/19 (la “Ley de Reforma Tributaria”) cambian las reglas para determinar este impuesto y muchas ventajas vigentes con anterioridad, ya no podrán ser aplicadas para liquidar el IRP correspondiente al próximo ejercicio del 2020.

Considerando esta importante reforma, todos los contribuyentes del IRP y sus asesores profesionales han de resolver dos cuestiones: ¿Qué puede hacer el contribuyente dentro del marco legal para reducir el impacto de estas modificaciones? ¿Cuáles son los principales cambios que se aplicarán para futuros ejercicios?

Con límites: El arrastre de pérdidas fiscales por inversiones anteriores

Con la entrada en vigor de la Ley de Reforma Tributaria, los saldos favorables generados por pérdidas provenientes de inversiones realizadas en años anteriores ya no serán compensables en la próxima liquidación del IRP correspondiente al 2020. Esto se debe a que, con la Ley de Reforma Tributaria ya se está liquidando un nuevo impuesto, y este nuevo impuesto, distinto a la obligación contenida en la Ley N° 2.421/04, sus modificaciones y normas reglamentarias (la “Ley Tributaria Anterior”), no reconoce las pérdidas fiscales de ejercicios anteriores como un saldo a favor.

Cabe recordar que, en caso de que el contribuyente haya incurrido en pérdidas por inversiones previas, la Ley Tributaria Anterior le otorgaba la posibilidad de deducir -o arrastrar- estas pérdidas fiscales y compensarlas hasta un 20% de la renta neta de los siguientes cinco ejercicios fiscales, luego del cierre del ejercicio en que se produjo la pérdida. Como ejemplos de inversión, de acuerdo con la Ley Tributaria Anterior, podemos citar a la adquisición de inmuebles, bonos, certificados de ahorro, acciones.

Es importante tener en cuenta que, la posibilidad de arrastrar pérdidas fiscales generadas en el ejercicio 2020 en adelante, se limita de manera importante en la Ley de Reforma Tributaria, que establece cambios significativos para liquidar el IRP en los siguientes ejercicios. Sin embargo, existen estrategias legales que pueden ser aplicadas para optimizar el costo fiscal a aquellos contribuyentes que realizaron inversiones antes del 2020.

Alternativas legales

Al ser eliminada la posibilidad de arrastrar las pérdidas fiscales provenientes de inversiones, la mejor opción para liquidar el IRP del ejercicio fiscal de 2019, es evitar imputar erogaciones al concepto de inversión, de forma a no generar pérdidas fiscales por inversión, según los conceptos establecidos por la Ley Tributaria Anterior. De este modo, si se deducen las colocaciones de capital hasta compensar con la renta neta del ejercicio 2019, no hay inconveniente alguno, pues no se están generando pérdidas fiscales; pero si la deducción de estas inversiones sobrepasa a la renta neta y genera pérdidas en la liquidación del 2019, no será posible arrastrarlas a los siguientes ejercicios. Entonces, ¿qué opciones tiene el contribuyente?

El decreto reglamentario de la Ley de Reforma Tributaria otorga una salida a aquellos contribuyentes que obtuvieron préstamos para realizar las inversiones que les generaron pérdidas y es la siguiente: no deducir totalmente estas colocaciones de capital financiadas con préstamos, como “inversión” ni como “gasto” en su liquidación del ejercicio fiscal 2019.

En síntesis, tanto la amortización de capital como el pago de intereses, comisiones y recargos por préstamos, que se pagarán desde el 2020 en adelante, serán deducibles en la liquidación del ejercicio fiscal de 2020 y siguientes, si se cumple con estas condiciones: (i) el uso o destino del préstamo no fue totalmente deducido en concepto de inversión o gasto en la liquidación del ejercicio fiscal 2019 o antes; (ii) la transacción está debidamente documentada; y, (iii) el acreedor es contribuyente inscripto ante la Administración Tributaria.

Si se observa esta salida legal prevista en las nuevas disposiciones vigentes, se pueden deducir los pagos de intereses y la amortización del capital de préstamos obtenidos con anterioridad a la entrada en vigor de la Ley de Reforma Tributaria, que fueron colocados en inversiones.

¿Cuáles son los principales cambios en el nuevo IRP?

Antes de analizar las principales modificaciones, es importante tener en cuenta que los elementos principales de la obligación del IRP establecidos en la Ley Tributaria Anterior, se mantienen en la Ley de Reforma Tributaria. Así, las personas físicas continúan siendo los principales sujetos obligados, el impuesto se liquida anualmente y sólo están gravadas las rentas provenientes de bienes situados y actividades desarrolladas en Paraguay, salvo muy pocas excepciones.

Por otro lado, los principales cambios se centran en que el criterio de residencia en el Paraguay determina la aplicación de este impuesto y no del Impuesto a la Renta de No Residentes (“INR”). Además, las sociedades simples dejan de ser contribuyente de este impuesto y pasan a ser contribuyentes del Impuesto a la Renta Empresarial (“IRE”). Pero la modificación más importante en el nuevo IRP, se centra en la nueva estructura para liquidar este impuesto, que será brevemente explicada.

Liquidación del nuevo IRP

Con la Ley de Reforma Tributaria, se tienen que hacer dos cálculos paralelos para determinar el monto del IRP a pagar, es decir, existen dos bases imponibles distintas para: (i) las rentas y ganancias del capital; y (ii) las rentas derivadas de la prestación de servicios personales. Mientras que a la primera base imponible se aplica sólo una tasa proporcional del 8%; a la segunda base imponible se aplican tasas del 8%, 9% o 10%, de manera progresiva sobre cada segmento de la renta neta obtenida por el contribuyente. Los ingresos obtenidos y los gastos en los que el contribuyente incurra en cada una de estas categorías de ingresos no pueden sumarse ni compensarse entre sí, respectivamente; cada base imponible tiene un método de cálculo especial.

Vale la pena mencionar que seguirán siendo deducibles para la base imponible correspondiente a las rentas obtenidas por la prestación de servicios personales, todos los gastos en los que el contribuyente incurra por manutención de familiares a cargo, gastos de salud y de esparcimiento  en el territorio nacional o adquiridos en el país-. También será deducible la adquisición de un vehículo cada tres años y de un inmueble cada cinco años. Estos últimos gastos podrán ser deducibles a opción del contribuyente en una de las dos bases imponibles mencionadas.

Así, para liquidar satisfactoriamente el impuesto en el ejercicio 2020, será esencial un tratamiento y registro cuidadoso y profesionalmente realizado de los ingresos y gastos en los que incurra el contribuyente de este impuesto, según cada categoría. Además, será importante el correcto registro de los movimientos a través del software “Aranduka”, para respaldar la información contenida en las declaraciones juradas y evitar contingencias fiscales.


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