Profesiones: panadería y albañilería como ciencias exactas

VICTOR RAÚL BENÍTEZ GONZÁLEZ
@victoraulb
PRESIDENTE DEL CLUB DE IDEAS
PROFESOR DE LA FUNDACIÓN
GETULIO VARGAS- BRASIL

Tengo una idea. Las creencias tienen consecuencias sin importar su verdad. En el Paraguay del siglo XXI, existen algunas creencias que se adecuan a este axioma. La ¨teoría de la autoverificación¨ de Swann, 1987, dice que existe un placer existencial en confirmar los ¨auto-conceptos¨. Todos buscamos la armonía entre lo que percibimos o creemos percibir y la información que recibimos todos los días. Valga un ejemplo: ¨con baja presión tributaria y mano de obra barata, el Paraguay es un país atractivo para las inversiones¨.  En otras palabras, la humanidad ¨se halla¨ (diría un paraguayo) cuando lo que uno piensa, coincide con lo que piensan las demás personas. Mentalidad de manada:  el ¨jahapᨠdetrás de una idea, aunque sea una falacia narrativa, es algo placentero. Peter Berger habla por eso de la ¨construcción social¨ de la realidad. Con esta introducción, ya estamos listos para entender algunas creencias falsas que constituyen la realidad de los paraguayos. Tengo algunas sentencias falsas en stock: 1. El capital humano paraguayo es mano de obra barata; 2. La baja presión tributaria, no cobrar los impuestos exigidos por ley (no significa subir las tasas) hace atractivas las inversiones para los extranjeros; entre otras. Hoy comenzamos con la primera.

¨Mano de obra paraguaya = Barata¨

En el ¨Paraguay faltan albañiles y sobran abogados¨, lo definió Enrique López Arce en una de las sesiones de Univerano 2020 en el mes pasado. Es el diagnóstico de cómo el país está formando a su capital humano ¨conforme a las necesidades del mercado¨. Si se sigue analizando, según el experto, sobran enfermeros y enfermeras, que estudiaron con la esperanza de viajar a Italia y España, donde asegurarían su futuro, hasta que la oleada se acabó. Se podría agregar que faltan RRHH en salones de belleza, talleres de confecciones, supervisión de cajeros, cajeros especializados y encargados de logística y distribución.  Sin embargo, gracias a las universidades comerciales, sin rigurosidad académica, sobran ¨ingenieros comerciales¨.  Son instituciones de educación superior, que enseñan negocios, y yerran en investigar lo que el mundo de los negocios está demandando: predeciblemente irracionales (leer a Dan Ariely). No estudiaron a la demanda verdadera y se aplazan en el pre-escolar de la gestión de empresas.  Lanzan talentos al mercado, que luego no encuentran dónde trabajar.  La inversión actual en formar gente para dirigirla allí donde más se la necesita, ya es un sobrecosto o malgasto para el conjunto de la sociedad.

Lo barato sale caro

Si se considerara la productividad (hacer más en el mismo tiempo y/o con el mismo costo, o producir igual en menos tiempo y gastando menos) y la calidad ejecutiva (sin repetición de operaciones para corregir errores), en la producción de bienes y servicios – la mano de obra paraguaya es un recurso caro. Esto es, sólo en el sector privado. Sin comentarios, si se considera el costo incluyendo los salarios más los beneficios laborales adicionales, versus la productividad, de los funcionarios públicos.

La profesión más buscada del Paraguay, por ejemplo, la del albañil, es un recurso humano reclutado con la simple frase: ¨Existe algún (Tu) vecino que quiera trabajar¨, sin ningún tipo de términos de referencia en cuanto a perfil y competencias. Puede comenzar en forma inmediata al día siguiente. Y a los pocos días ya está preparando ¨argamasa/mezcla¨ (un blend cuyas proporciones de ingredientes nunca tiene fórmulas precisas) para colar ladrillos. Al mismo tiempo, ya puede coordinar largas jornadas de descanso regadas a tereré y operar de ¨banderillero¨, sin conocer todavía, mínimamente, cómo funciona el sistema métrico y geométrico en el mundo de la construcción. Base x altura / 2, largo x ancho, radios y diámetros, son conceptos difíciles de digerir, pero sin los cuales no se puede calcular la dimensión de la cañería para manejar los diversos caudales líquidos.  Menos aún, interpretar los metros cuadrados o cúbicos, tan necesarios para instalar aire acondicionado o calcular los litros necesarios para una o dos manos de pintura.  Etcétera.  Normas de seguridad e higiene, pueden o no existir, pero no son necesarias, ya que no hay capacidad de leer e interpretar los manuales, que la mayoría de los ¨contratistas¨ pasan por alto, para ¨abaratar el costo¨.  No es culpa de los empleados. Sin seguridad social en la mayoría de los casos, no hay por qué preocuparse. Nadie va a controlar. La mala calidad de la educación elemental también tiene consecuencias. Ahora puede empeorar si obligamos a los chicos a corregir los textos. Por otro lado, la educación técnica que podría convertir el potencial en ¨performance¨, se limita a muy pocas escuelas como el SNPP, Gutenberg, CTN e Instituto Kolping, en un país donde, repetimos, albañiles, panaderos y mecánicos tienen demanda insatisfecha. Según el ¨head hunter¨ de la referencia que trabaja para la base de la pirámide, en especial mandos medios y profesiones sin necesidad de formación superior,  otro segmento deficitario en términos de oferta calificada es el ramo de mecánicos y todo lo relacionados con los automotores. Sin embargo, la mayoría de los mecánicos,  choferes y técnicos que deben reparar u operar maquinarias, no tiene el hábito de estudiar y carece de una básica ¨comprensión lectora¨ para poder revisar e interpretar el manual del fabricante.

Profesiones que son ciencias exactas

En mi trajinar de ¨flaneur¨ urbano (una especie de observador del ¨small data¨), visitando a un amigo, el gerente gastronómico Sergio Mazzitelli sobre la calle Palma (la mejor milanesa de Bs. As. disponible en Asunción), aprendí que no es fácil conseguir panaderos excelentes, cocineros diligentes y mozos atenciosos.  En el mismo sector, el Ing. Adalberto González Torres, empresario e investigador tecnológico que siempre está en la ¨cresta de la ola¨, una mezcla de Benjamín Franklin con Leonardo Da Vinci, me enseñó que, vendiendo equipamientos, pudo comprobar que la ¨panadería¨ y la ¨albañilería¨, son profesiones que pueden ser consideradas como ciencias exactas.   A diferencia de los abogados, que tienen la licencia de utilizar fórmulas divergentes e imperfectas para cada ocasión conforme a variadas bibliotecas, un panadero profesional no puede salirse de la fórmula del pan nuestro de cada día, a cada día, debiendo respetar con rigurosa exactitud los estándares de la receta en: preparación de masa, dosificación, fermentación, temperatura, velocidad y distribución del aire, humedad relativa y tiempo. Lo mismo podría decirse con respecto a la ¨mezcla¨ y las operaciones repetitivas de la albañilería. La gerencia que establece claramente los objetivos, los supervisores que controlan y corrigen cuando se sale del estándar y los operarios que hacen la gestión de la rutina, no son recursos fáciles de encontrar en países subdesarrollados como el Paraguay.

Reputación y confianza profesional  

Finalmente, el Banco Mundial hizo un estudio sobre las profesiones más creíbles, y por lo tanto útiles ante el imaginario de la gente, alrededor del mundo. Sólo para intentar saber, en la percepción colectiva,  para qué sirven tales o cuales profesiones, en este mundo posmoderno y digitalizado, me animé a revisar ese ranking de reputación y credibilidad, como una especie de medición de la relación beneficio/costo de diversas profesiones. Encabezan la lista de confiables: científicos, médicos y profesores. Luego vienen los que trabajan en fuerzas de seguridad. Más abajo, periodistas y sacerdotes, ¡oh sorpresa!, no gozan de tanta confianza. Están por debajo de empresarios, incluso de abogados y jueces. Cosa rara. Esta encuesta en 23 países, y el promedio podría engañar. Si se filtrara Paraguay, probablemente periodistas y religiosos podrían salvar el pellejo.  Pero hay cuestiones que parecen percepciones canónicas universales: banqueros, ministros y políticos, son los peores en términos de reputación y credibilidad. Justo los que más impactan en las vidas colectivas: los unos prestan dinero (y los intereses que cobran son ¨argeles¨, hasta se entiende), pero los otros hacen políticas públicas, y los últimos son los que deben cuidar de la democracia, igualando oportunidades políticas, sociales y económicas. Si se considera el costo y el beneficio, en la percepción de la gente, estas categorías son recursos humanos caros para la sociedad. Y así, no da gusto.


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