“Estados iniciales”

Es evidente que la clase política está siendo expuesta como nunca antes había sucedido. Ya nadie calla nada, oculta cosas o disimula comportamientos reprochables de aquellos de quienes se espera servicio a la ciudadanía y no aprovechamiento vicioso de los recursos públicos. Haciendo acopio de optimismo y tragando algunos sapos, podríamos esperar del medioambiente de políticos a la violeta un poco de resiliencia.

¿Qué quiere decir eso? Veamos cómo define la Academia esta palabra. La primera acepción habla de la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”.

La segunda describe la condición de un material, mecanismo o sistema (y personas podríamos agregar) “de recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”.

Esto nos lleva a considerar cual habrá sido el “estado inicial” de la política y los políticos en el Paraguay antes de que el tsunami de la corrupción se los llevara por delante y los convirtiera en lo que hoy son en su mayoría, esto es, ladinos, poco confiables y altamente susceptibles a la descomposición moral que acarrean el poder y sus hijos putativos: el tráfico de influencias y las fortunas sucias.

Allá lejos y hace tiempo hubo ejemplos de ese “estado inicial”. La historia dice que el general Manlio Schenoni fue comisionado a mediados de los años ’20 a comprar armas en Europa. Tenía autorización para girar en nombre del Estado lo que fuere necesario. En el ambiente de la venta de armas, las comisiones estuvieron siempre a la orden del día. Schenoni las aceptó y, a su retorno, entregó el dinero a Hacienda para comprar más armas. Dicen que Félix Paiva, presidente en 1937- 38, rechazó la compra de una estufa con fondos públicos y prefirió combatir el frío del Palacio de López con una manta y un almohadón traídos de su casa.

Hubo “estados iniciales” en la política. Se llama integridad, un valor desconocido entre los políticos
a la violeta de la actualidad.


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