ANDE, latrocinio puro y duro

Cuarenta mil sobrefacturaciones no es un error administrativo. Una de dos: o es producto de una descomunal quiebra del sistema o un escandaloso saqueo a los usuarios. Sea cual fuere el caso, en cualquier país medianamente organizado sería motivo suficiente para que toda la plana directiva responsable fuera sumariada y expulsada, con costas para los ineptos y/o corruptos.

Resulta sospechoso que, coincidiendo con la exoneración de más de medio millón de facturas a partir de la emergencia del coronavirus, otras decenas de miles lleguen a destino con montos triplicados o cuadruplicados. Admitido el “error”, la ANDE ahora dice que va a re facturar a los abusados apelando al viejo y telúrico método del “promedio” de los últimos dos meses. Porque en el Paraguay el ente eléctrico no factura al usuario su consumo real, digamos, 150,6 kilovatios, como se hace en todas partes. El usuario es “promediado”, a ojímetro, según el talante del que hace el cálculo, lo cual convierte en un trasto inútil al famoso medidor instalado a la entrada de la casa.

Hace rato que la ANDE ha dejado de ser un ente autárquico eficiente para convertirse en un aguantadero de políticos y sindicalistas voraces. El robo avieso de energía se ha desbocado. Roba no solo el lumpen que vive en villas de emergencia sino también el empresario enchufado a la claque dominante. Mansiones y barrios cerrados roban energía. En su memoria 2017, la ANDE da cuenta de que el robo de energía llega al 25,7% del total entregado al sistema eléctrico. Claro que el documento maquilla esta catástrofe bajo el eufemismo de “pérdida”.

La ANDE es un descalabro administrativo, financiero y operativo. Y es también la vaca lechera de un montón de ladrones públicos que viven de ella. Por eso los “errores” de facturación.
Latrocinio puro y duro.


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