Caraduras

Por Juan Pablo Fernández Bogado
Profesor – Abogado
@jpferbo

En esta epidemia mundial, mucho se habla sobre la necesidad de tener un estado que gaste mejor los recursos públicos, controlar los mismos contra gavillas y pueda entender que, como está actualmente, eso no es posible.

Tenemos una sobrepoblación de funcionarios públicos que consumen casi el 85% del Presupuesto Nacional, generando así un malestar cada vez más creciente en la población, hacia esta casta privilegiada que viven del erario público, que en su gran mayoría planillean mientras unos pocos ejemplares deben hacer todo el trabajo.

Realizar un gasto de manera inteligente es función de todo gobierno. Esto implica dividir el presupuesto sector por sector y para ello es necesario elaborar un diagnóstico que permita identificar las ineficiencias técnicas y de esta manera aplicar los recursos y la asignación de los mismos luego de un análisis costo beneficio para que el retorno signifique ser más productivos y generar mayor valor, pudiendo de esta manera disminuir la desigualdad social. Tomando como ejemplo el último presupuesto, ¿se ha hecho este ejercicio o de vuelta un copiar y pegar como siempre?

En el año 2018, Benigno López, decía: No gastamos bien, no somos eficientes. Pedir que haya mayor impacto en los gastos corrientes y menos en los gastos capitales significa hipotecar el futuro de la ciudadanía. Lo paradójico es que sabiendo la enfermedad no aplica la cura, aunque ésta duela como por ejemplo eliminar privilegios a los funcionarios de este estado que no da más, sabemos que esto dolería a los afectados, pero curaría a toda una república.

Es ahí, donde nosotros, los ciudadanos comunes, nos convertimos en artífices de nuestro propio destino, empoderándonos de la responsabilidad que implica ser auditores de nuestra inversión, porque son nuestros impuestos los que a la hora de la verdad son los que están siendo despilfarrados, pensemos entonces que por más presupuesto o resultado que se aplique sin la voluntad de sacrificar a los que nos sacrifican actualmente, las cosas seguirán igual y el malestar será cada vez peor, y los privilegiados serán la peste que mantengan esta epidemia.

¡Es hora de erradicar la enfermedad! Antes que esta pandemia termine por destruir el Estado, ya que la peligrosidad del coronavirus es igual o peor que un corrupto en funciones.


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