Gobierno: de bombero a constructor

En toda guerra hay situaciones extremas que obligan a un comandante a adoptar decisiones también extremas: ir al ataque, al costo que sea. A veces el resultado es catastrófico, como el asalto a los acorazados brasileños en la guerra del ‘70. Otras es un éxito, como el sitio y toma de Boquerón en la guerra del Chaco. En esos casos, los estados mayores hicieron su recuento de bajas y de pérdidas materiales, esencial para planificar las siguientes etapas.

El Gobierno sabe cuántas vidas está costando la lucha contra el coronavirus y cuánto está gastando de sus recursos disponibles. Pero hay otra lista que no sabemos si se está llevando en forma paralela a lo sanitario. Hablamos de cuánto empleo se está perdiendo y, sobre todo, cómo se afrontará la etapa post-cuarentena, cuando todo vuelva a la normalidad anterior a la pandemia y sea posible evaluar la extensión y gravedad de los daños materiales.

¿Qué plan hay para esa etapa? Ya no se trata de enfrentar la contingencia, que es cuando se adoptan decisiones extremas esperando moderar los efectos destructivos de la emergencia.

Llegará el momento de planificar la recomposición del empleo y apuntalar con créditos masivos aquellas empresas –en especial micro, pequeñas y medianas- que naufragaron en la crisis pero cuyos propietarios no han perdido el impulso emprendedor. Incluso las grandes empresas que debieron alivianar sus nóminas de empleados y cortar proveedores, tendrán que apelar al apalancamiento financiero para recuperar el estatus productivo pre pandemia.

El propio sistema financiero tendrá que ser evaluado a fin de saber cómo sale de la emergencia y que tan fuerte está su músculo operativo.

Por el momento, el Gobierno es bombero. En algún momento deberá volver al modo constructor y
ponerse manos a la obra. Y lo antes posible.


También podría gustarte