Una cultura evaluativa para la mejora del servicio educacional

5días Profesional 

María Concepción Chaparro de Manuel

Prof. Lic. María Concepción Chaparro de Manuel – Instituto Nacional de Educación Superior

El proceso de la evaluación constituye una operación organizada de acciones, que posibilita documentar datos, centrados en los conocimientos, sobre las habilidades, las actitudes, las aptitudes adquiridas por los educandos en una determinada etapa de su proceso de formación académica. La evaluación debe considerarse en todo momento parte del PEA, con el fin de emitir juicios de valor, y de esa manera poder establecer posibles alternativas de solución.

Considerando el rol protagónico que representa en la actualidad la formación integral del estudiante del siglo XXI, se hace más que evidente la necesidad de poder enfocarse en el desarrollo de una cultura evaluativa de forma constante y continua dentro de una institución educativa.

Una de las formas en las que se puede llevar a cabo una apreciación objetiva acerca de los logros alcanzados por los estudiantes, respecto a un grado o curso en particular, es evidentemente a través de aplicación de evaluaciones (en sus diferentes tipos y formas). Ahora bien, el problema se presenta cuando existen docentes que no aplican diversos tipos de instrumentos de recolección de datos, que permitan por supuesto determinar los niveles de aprendizajes alcanzados por parte de los alumnos. Esta falta de utilización de diversos tipos de métodos o estrategias evaluativas, podrían deberse a factores como a la falta de actualización docente, el desconocimiento de las capacidades que debe desarrollar con los alumnos, la falta de apertura de los nuevos cambios por parte de los docentes a los nuevos cambios y desafíos del siglo XXI.

Hay que resaltar que según (Almada de Avalos et al., 2009), la evaluación se concibe como un proceso sistemático que permite obtener información continua y significativa, interpretar la información para conocer la situación del estudiante, con respecto a la construcción de su aprendizaje, en los diferentes momentos del periodo escolar; formar juicios de valor con respecto a ese proceso y tomar decisiones válidas y oportunas para adecuar las intervenciones didácticas. Esta consideración se realiza al efecto de que, el concepto de evaluación no se encuentra ligada específicamente a la promoción o no del alumno de un grado o curso, al otro, sino que la evaluación en sí, y con los resultados obtenidos, es la de ayudar a los alumnos, para que los mismos, y sin distinción alguna, puedan ir fortaleciendo sus conocimientos, y de esa manera ir creciendo, a la par de detectar a tiempo y en forma, sus fortalezas y debilidades y adecuar el aprendizaje eficazmente al desarrollo de capacidades y habilidades que al  final harán del estudiante un profesional reconocido. De allí lo valioso de encarar el proceso evaluativo en la cultura institucional aplicado por un educador como algo trascendental en y durante la etapa de formación del educando.

Considerando los puntos redactados en las líneas anteriores, y basado en el hecho, y el interés que representa el proceso de crear o de generar grandes expectativas en los educandos de la actualidad, la particularidad de poder centrar la atención de los mismos hacia el PEA, que según (Portillo et al., 2007) lo más importante es la planificación pedagógica del área académica, en que se organizan los elementos curriculares en función al enfoque de área; es decir, que a partir de la/s competencia/s, él o los docentes deben tomar decisiones pedagógicas que llevan a su concreción. Se considera en este punto que la evaluación educativa es de sumo interés, debido a que, todo proceso de verificación de logro de aprendizajes, se realiza a través de la ejecución de un determinado tipo de sistema de evaluación, lo cual conduce ineludiblemente a la obtención de resultados que pueden enmarcar el progreso o no de la enseñanza.

Cabe señalar, que la evaluación conlleva consigo la aplicación de muchos conceptos, que a su vez deben ser entendidas en su plenitud para que la planificación y posterior ejecución de una determinada evaluación sea juzgada como valedera, como, por ejemplo: curriculum, competencias, capacidades, indicadores, procedimientos e instrumentos.

Así se puede afirmar que, toda acción evaluativa debe de responder a un enfoque macro, en este caso en particular, un curriculum establecido a nivel nacional, y dirigido a su vez a los diferentes niveles y especialidades, considerándose para tal efecto la adecuación que puedan hacer al respecto los docentes, pudiendo ejecutarse esta adecuación tanto a nivel departamental, institucional y de aula, y por ende, apuntando indefectiblemente a que, el profesional de la educación deberá de estar en todo momento inmerso en lo que concierne a la evaluación, es decir, lo que es, lo que implica, y a qué conduce su correcta o mala aplicación.

Referencias

Aguilera Portillo, A. d., Aquino de Silva , T. G., Benítez de Lezcano , D. B., Benítez de Villamayor , Z., Giacomide Silva , D. E., Centurión Benítez , Z. M., . . . Helman Armoa , L. (2007). (Orientaciones para la gestión Pedagógica – Ciencias y Tecnología Plan Específico – Educación Media – Reforma Educativa – Plan Específico. Asunción: Impreso en los talleres graficos del MEC.

Almada de Avalos , M., Caballero de Sosa , N. E., López Jara , M. G., & Melgarejo Mareco , D. N. (2009). Evaluación del Aprendizaje en la Educación Escolar. Asunción: Industrias Gráficas Nobel S.A.


También podría gustarte