Cualquiera puede ponerse furioso

Por Mariela Báez
Asesora de imagen
Coach Ontológico

Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil“, Aristóteles, Ética a Nicomaco.

Si ves la tele antes de salir de tu casa, estas en el grupo de los que posiblemente salen enojados o preocupados a la calle. Y se entiende, en los noticieros todos los días abundan las noticias sobre la desintegración de la cortesía, la inseguridad, el fracaso y la sinvergüencería del gobierno. No sé qué sensación te queda a vos después de ver noticias, a mí; que todo lo que somos y tenemos lo quieren destruir.

De una forma u otra nadie queda libre de esta corriente de arrebatos emocionales. Y que nos queda, como se soporta el día a día cuando el optimismo no alcanza, los argumentos en modo positivo al parecer ya se acabaron. Creo que estamos en el momento donde nos toca ser realmente inteligentes y es aquí donde te explico el punto a donde quiero llegar.

Desde hace décadas se viene hablando de lo importante que es la administración emocional, esta habilidad puede “salvarnos la vida”, porque si no nos toca el Covid 19, de lo que no nos salvamos es de la preocupación y el estrés que genera esta pandemia.

La mayoría ya estamos cansados, física y emocionalmente, salimos a la calle lidiando cada uno con su propia batalla personal. No somos unos súper héroes y por derecho podemos estar enojados, frustrados y desanimados.

En lo personal, elegí que esta pandemia tenga un sentido positivo en mí. Decidí hacer cosas diferentes a nivel introspectivo, por ejemplo, una tarea que me recomendaron duró 30 días y en el proceso encontré mucho, descubrí cosas en mi de las que no tenía consciencia, por ejemplo: de que no me despierto enojada o de mal genio, a veces apurada o preocupada por algo pero de mal humor, no.

Y encontré más, conocí que antes del Covid 19 era muy difícil para que me irrite. Y reconozco que en los últimos días, si me descuido, las situaciones pueden no solo marchitar mí día, sino que además, roban lo más precioso que tengo: mi paz. ¿Para que me sirve conocer esto de mí? Pues para estar consciente y cuidarme.

Si hay algo que siento en esta época y que este momento reclama, además de los cuidados sanitarios para no contagiarnos, es precisamente tener dominio y compasión por uno mismo.

Lo aceptemos o no, mucho de cómo sobrevivir en este tiempo dependerá de nuestra inteligencia emocional, de ese talento básico para vivir. Será vital ser capaz por ejemplo de refrenar el impulso emocional, interpretar los sentimientos más íntimos del otro, manejar las relaciones. En palabras mucho más sencillas para explicar que significa, ser un inteligente emocional es “colocar las emociones en el centro de las aptitudes para vivir”.

Antes, calidad de vida se asociaba al “tener”, hoy calidad de vida es “ser”.

Tiene calidad de vida aquel que filtra e identifica: ¿con lo que vale la pena o no enojarse o complicarse?

Tiene calidad de vida aquel que puede girar la cabeza sin tener el cuello adolorido, ese que logra hacer suspiros profundos y aliviantes, ese que a pesar del día intenso por las noches logra el descanso.

Tiene calidad de vida aquel que no pierde su humor, las ganas de hacer el amor, y aquel que mastica tranquilo su comida.

El dinero es muy importante, por DIOS, de eso no se duda, pero tener plata nomas ya no alcanza para definir calidad de vida.

El desarrollo y el entrenamiento de esta habilidad es muy valiosa, porque esto hará que en este momento delicado, exigido al máximo, podamos conservar nuestras relaciones más preciadas y en nuestra vida laboral estará adjudicando un valor sin precedentes para el éxito.

En el coaching se usa muchísimo esta pregunta maestra: ¿Qué es lo peor que puede ocurrir?. En ocasiones pasa que nos obsesionamos con determinados hechos hasta el punto de darnos cabezazos contra la pared sin hallar salida. Pensamientos como, “me van a despedir del trabajo”, “mi pareja ya no me hace caso”, “no voy a ahorrar lo suficiente para pagar esa deuda”, etc y nos metemos en un laberinto altamente desgastante.

Lo ideal sería que, en lugar de alimentar pensamientos fatalistas seamos capaces de ir un poco más allá. Preguntémonos qué puede ocurrir si nuestro temor acontece, pero hagámoslo de la forma correcta, añadiendo una solución:

“Si me despiden del trabajo puede que me decida por fin a iniciar ese proyecto personal”.

“Cuando mi pareja no me haga caso le preguntaré qué ocurre. Si nuestra relación ya no funciona tendré que asumirlo, hacer el duelo y avanzar”.

“Como no pueda pagar mi deuda tendré que vender esto o lo otro o pedir ayuda a mi familia”.

Sugerencias de cómo ser un hábil emocional hay por todos lados, yo no soy experta, soy una aprendiz entrenándome emocionalmente para sobrevivir.

De lo que si estoy segura es de que, nuestras pasiones bien ejercitadas, son sabias; guían nuestros pensamientos, nuestros valores, nuestra subsistencia y desde el punto de vista de Aristolestes sobre la virtud, el carácter y la buena vida, el desafío consiste en administrar nuestra vida emocional con inteligencia.

 


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