Informalidad

Por Mauricio Ozuna
ABOGADO

La semana pasada volvimos a escuchar el “firme” compromiso del Ministerio del Trabajo, Empleo y Seguridad Social de luchar contra la informalidad. Como siempre en el anuncio no se enumeró los planes concretos para combatir el flagelo, y últimamente se volvió un cliché para adornar las conferencias de prensa, algún encanto tendrá la expresión.

Ahora bien, pocas veces se afronta la informalidad desde el punto de vista empresarial, casi siempre se lo conceptualiza como un perjuicio para el trabajador, pero no es del todo así. Las empresas también sufren por la poca transparencia de las relaciones laborales, pues nunca le damos la suficiente garantía de que determinadas normas serán aplicadas a todos por igual, lo que dificulta la planificación en cuanto al costo y otras variables en recursos humanos.

La informalidad es una de las peores formas de competencia desleal, y en nuestro país en muchos rubros no se compite por quien da el mejor servicio, sino en quién tiene la suficiente “astucia” para embaucar a sus trabajadores y salir indemne. A la larga lo que buscan muchos es reducir al máximo los costes salariales eludiendo las leyes para tener una ventaja competitiva sea en el precio o en los beneficios, y esta perniciosa práctica afecta principalmente a la competitividad de nuestras empresas.

Resulta poco alentador para el empresario que apunta a la formalidad ver como el que no lo hace, además de violar la Ley descaradamente, aumente ostensiblemente sus ganancias como su posición en el mercado, e incluso se granjean grandes campañas publicitarias. Por el contrario, el empresario formal por regla recibe poco o nada por su apego a las normas, salvo alguna que otra multa.

Aclaro que el problema NO son las empresas, muchas de ellas –me consta- inician planes de formalización con una gran inversión en recursos, pero luego de un tiempo ven reflejado ese esfuerzo en un aumento de su precio final que les resta competitividad en el precio frente a los informales, esto desalienta la iniciativa. Por ello, el Ministerio debe decidirse de una vez por todas a trazar un plan concreto, realizable, a largo plazo y con incentivos apuntando a la formalidad.

En este estado, a lo único que apuntamos es a que los pocos formales que nos quedan se pasen al bando contrario.


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