La reconstrucción actitudinal

Por Rubén Alcaraz
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Cuando hablamos de la reconstrucción actitudinal, no necesariamente nos referimos al cambio conductual de nuestra persona, sino a una reforma de las diferentes actitudes adoptadas y expresadas durante innumerables situaciones en la vida. Ésta, es una respuesta generada de un estímulo ante la sociedad con la cual convivimos, sea la familia, los amigos, el entorno laboral, etc.

Aunque hoy día existan diversas definiciones sobre la actitud, aquí podemos plantear que la misma constituye
un estado mental, un sinnúmero de reacciones emocionales encadenadas como respuesta ante las múltiples situaciones que vivimos minuto a minuto y que en conjunto forman nuestro día a día, con sus tendencias sus aciertos y sus errores.

Según Charles Swindoll “Mientras más vivo, más cuenta me doy del impacto de la actitud en la vida. Estoy convencido de que la vida es 10% de lo que nos pasa y 90% cómo yo reacciono a ello.” Claro está que no tenemos el control sobre la acción de los demás pero sí podemos tener el control de la reacción ante los hechos
como una respuesta emocional.Con el transcurso de los años, durante la formación y expresión de nuestras
emociones, somos capaces de absorber innumerables conceptos y conocimientos que, tal vez guiados por una recta razón, nos lleven a discernir lo bueno de lo malo o lo correcto de lo errado, con el objeto de actuar emocionalmente dirigidos por unas normas o patrones conductuales dictadas por una cultura.

Con capacitaciones y entrenamientos estimulados como cursos, charlas, talleres, etc., tal vez seamos capaces de creer y de pensar que hemos aprendido a controlar diversas situaciones a través de un mismo comportamiento, a través de una actitud única y general. La plasticidad en el manejo de las emociones,
como herramienta de la reconstrucción actitudinal, nos ayudara a equilibrarnos emocionalmente, a entender las vicisitudes de la vida y sobrellevar el día a día de manera armoniosa y saludable.

La reconstrucción actitudinal exige un aprender sobre lo aprendido, un querer construir sobre lo hecho, sobre lo vivido que, si no estamos convencido de querer hacerlo y convencidos del mejoramiento interpersonal, ni aun participando de los mejores cursos de capacitación y galardonados por expertos en la misión de persuadir o convencer de que nuestra vida “cambiará”, no lo lograremos; en vano será el dinero y en vano será el tiempo
invertido en ello.

Recuerden que: “Cambiamos solo cuando decidimos que ese cambio nos ayuda a ser lo que queremos ser.” (Wheatley, 1977). Es por ello que si sabemos lo que queremos ser, estamos seguros de cuanto queremos reconstruir nuestra actitud y de qué tanto podemos emocionalmente madurar.


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