No quiero ser jefa

Stephanie Hoeckle
Directora de Oui Oui
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“¿Mamá, vos qué clase de jefa sos?”. La pregunta de uno de mis hijos ni bien abrí la puerta de casa me sorprendió a lo lejos (porque guardamos las debidas distancias cuando alguien llega de la calle). Mientras cumplía con la ceremonia de quitarme el barbijo y los zapatos, lavarme las manos y desinfectar mis cosas —que, por cierto, me lleva un buen tiempo—, le consulté a qué obedecía ese cuestionamiento. “Es que estuve viendo la película Quiero matar a mi jefe, pero me aburrí”, me respondió. El título me sonaba, aunque no recordaba muy bien el contenido, por lo que le dije que hablaríamos más tarde.

Cuando por fin estuve sentada en el sofá frente al televisor y a su compañera Netflix, caí en la cuenta de que se trataba de una comedia negra ¡no apta para la edad de mi hijo! ¿Qué hacía él viendo a la jefa ninfómana que interpreta Jennifer Aniston, al jefe psicópata que hace Kevin Space, al jefe cretino que representa Colin Farrell y a tres empleados que querían matarlos? ¡Eso merecía más de una explicación! Así que madre e hijo tuvimos una larga charla, a la que siguió un tutorial para aprender a utilizar los controles parentales y elegir los tipos de programas y películas que pueden ver mis hijos. La cuarentena los tiene hiperconectados y a nosotros los padres desconectados de algunos límites y estrategias que habría que poner en casa, pero que se nos escapan por descuido.

Superada la situación, decidí relajarme y volver a ver la comedia en cuestión, que, la verdad, me hizo reír y, a su vez, me llevó a pensar sobre diferentes tipos de liderazgos. En la película, los roles están exagerados. “Puedo destruirte cuando lo desee”, se le escucha decir a Kevin Space, en su papel de jefe que disfruta haciendo sufrir a sus colaboradores. ¿Acaso no hay algunos parecidos a él en la vida real? Esa fantasía de que sería bueno que algo malo les pasara se le habrá cruzado a más de un empleado, lo cual es una señal peligrosa. Si como jefe estás en ese grupo, es necesario tomar recaudos o, lo que es mejor, intentar cambiar cuanto antes.

Cada uno con su estilo

No todos los líderes tienen el mismo estilo a la hora de trabajar. Hoy, en tiempos de cuarentena, se habla, por ejemplo, de liderazgo digital, es decir, para acomodarse al nuevo escenario en el que estamos trabajando. Para ser un líder digital no hace falta manejar todas las herramientas online, pero sí comprender la realidad, adaptarse y dejarse asesorar por buenos profesionales en ese ámbito.

No soy una coach en liderazgo, sin embargo, la experiencia me ha permitido ejercer diferentes formas de liderazgo, conocer a diferentes líderes y sacar mis propias conclusiones. En lo que llevo trabajando, me he topado con algunos narcisistas, aquellos que creen que todo lo que hacen está bien, a diferencia de lo que hacen los demás. La mayoría de las veces se llevan el crédito del trabajo de su equipo y les gusta estar rodeados de personas aduladoras, que jamás les van a hacer una crítica. No es malo el amor propio, nos tira para adelante y nos da seguridad, aunque si se da en exceso, puede producir ceguera.

A otros líderes que viven pendientes de todo los suelo llamar boy scouts. Son geniales porque siempre están listos para resolver cualquier problema y nada se les escapa, salvo sus colaboradores que, por lo general, les duran poco. Suelen ser personas estresadas y recargadas de trabajo, porque no saben delegar y no confían en su equipo.

Dictadores o democráticos

En el Paraguay son infaltables los líderes al estilo El gran dictador, uno de los conceptos más antiguos que se manejan de liderazgo, y que sigue vigente. Son jefes que ordenan lo que hay que hacer, sin pedir la opinión de los demás. Los entendidos afirman que esta manera de dirigir puede resultar útil en momentos de crisis, cuando una empresa necesita obtener resultados inmediatos, pero no es sostenible en el tiempo porque no resulta motivador para el equipo. Su contraparte es el líder democrático, aquel que busca la participación y el consenso de sus colaboradores en la toma de decisiones, lo que convierte cualquier asunto en una tarea difícil y, sobre todo, lenta, aunque los resultados puedan ser, al final, satisfactorios para todos.

Hay también un estilo de liderazgo ejercido por todo un equipo y no solamente una persona. En vez de líder, se trabaja con alguien que hace de facilitador para que los proyectos fluyan y no se estanquen. Cualquiera sea la fórmula, ganarse la estima de los colaboradores y a la vez inspirarlos a que aporten sus conocimientos, inteligencia y voluntad en el trabajo es una tarea compleja. Requiere estar abiertas a desarrollar permanentemente actitudes, aptitudes y habilidades. Bien lo sabemos: cualquiera puede ser un jefe, pero no todos los jefes son líderes. Es lo que le aclaré a mi hijo: “No quiero ser jefa. Intento ser líder”.


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