Revisar toda la cadena

Es absolutamente obvio que cuando la pandemia ceda y volvamos a la normalidad –mal que le pese al filósofo y librepensador argentino Axel Kicillof-, la sociedad en su conjunto deberá revisar a fondo toda la estructura que la sustenta, organiza e intenta, hasta ahora, darle viabilidad para mejorar la calidad de vida. Huelga decir que, para más de 1.880.000 paraguayos, esa meta está lejos y el virus chino los ha expuesto en toda su vulnerabilidad.

Es más, probablemente esa cifra haya superado ya los 2 millones, tras las quiebras y la destrucción de empleo que va dejando la cuarentena.

Al gobierno actual no le va a alcanzar el tiempo para poner completamente en marcha un plan general enderezado a revisar todos los niveles que componen el Estado que, al menos en enunciados teóricos, apunta a servir al ciudadano. Dos millones de pobres plantean una tarea ciclópea. ¿Cómo se sale de la pobreza? Ya se sabe que para lograrlo hace falta una educación eficiente y de calidad, de la que carecemos.

Tampoco se logra un buen rendimiento escolar con niños enfermos o malnutridos y para ello son necesarios no sólo hospitales y medicamentos sino, esencialmente, una alimentación escolar eficiente, que hoy está saboteada por la ineficiencia y la corrupción. Niños saludables y razonablemente educados hacen jóvenes mejor preparados para el trabajo calificado que les permitirá entrar al sistema, ser sujetos de crédito y aspirar a una vivienda propia que les permita mañana encarar una familia con mejores perspectivas de calidad de vida.

Todos los eslabones existen. Pero en su mayoría están oxidados y carcomidos por el parasitismo
político que nos agobia y nos ancla al fondo del pantano. Para despegarnos y salir de él hace falta
un buen piloto.
Muy pronto veremos si existe.


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