Fuerza

Benjamín Fernández Bogado

@benjalibre

Cuando se cierran todas las compuertas para resolver los conflictos de manera civilizada no queda otra que levantarse contra las injusticias por la fuerza. Es la historia de la humanidad y la que parece que nunca desde el poder político se termina por aprender. Lo que acontece en Venezuela es triste porque los actores del gobierno de Maduro han desoído todas las llamadas a comprender primero la magnitud del problema y segundo el modo o la manera de resolverlo. Hoy no queda otra opción que la fuerza donde, cualquiera sea el ganador, habrá marcado de por vida la historia de esta nación caribeña.

Una guerra civil tiene un costo enorme sobre un país y sus cicatrices no logran cerrarse ni en cientos de años. Ya lo decía Lincoln, el presidente de EEUU durante su guerra civil, que las marcas serán indelebles sobre su país a lo largo de centurias y cómo no darnos cuenta de eso cuando las banderas de los confederados perdidosos aún flamean en los estados sureños de ese país.
La Argentina seguirá marcada por la muerte, desaparición y torturas que se dieron en la década de los setenta del siglo pasado y esa sombra seguirá siendo permanente sobre una sociedad que continúa dividida y fragmentada. Venezuela aún no sabe desde el gobierno lo que les espera. Los paraguayos tuvimos una guerra civil en 1947 y la muerte o la dictadura han terminado por marcarnos como un sello indeleble sobre nuestra piel y nuestro carácter.
Estamos ante un hecho grave que no ha sido tomado en serio por el mundo ni por el Vaticano, donde el actuar del papa Francisco solo puede calificarse de lamentable. No tuvo la misericordia que proclama hacia un pueblo conducido hacia el abismo solo cuando ya no había espacio ni tiempo para lo irreversible. Ha sido un gran fiasco para una de las cancillerías más efectivas en resolver conflictos. Los organismos regionales mostraron su más clara debilidad no pasando de ser organizaciones de fachadas que no interpretan el verdadero sentido de la democracia, la justicia o la defensa de la libertad.

El mismo canciller uruguayo que introdujo a Venezuela por la ventana en el Mercosur es el que ahora desde la OEA condena el carácter autoritario del régimen chavista. Craso error de Almagro y de otros referentes políticos como Rodríguez Zapatero o Samper.
Venezuela va al matadero. Maduro cerró todas las puertas para una salida pacífica y deberá cargar sobre sus espaldas el carácter autoritario y déspota que presidirá todas sus acciones. La asamblea nacional constituyente es una síntesis de un proyecto sin ideas ni discursos al que solo le queda la fuerza para mantenerse autoritariamente en el poder.
La ciudadanía de ese país ha ofrendado sus muertos, heridos y encarcelados y no fue suficiente para convencer a Maduro de que las cosas como hasta ahora no dan para más. Se empeñó en no escuchar el grito de la gente en la calle, el hambre, el desabastecimiento, la huida de sus compatriotas a cómo sea y dónde sea. Se empeñó en construir una dictadura que solo podrá ser desalojada por la fuerza porque el gobierno ha desoído todos los mandatos pacíficos que el pueblo llano le comunicó de diferentes maneras.

Ya no hay espacios civilizados y lamentablemente la fuerza dirimirá un conflicto en un país rico pero con un gobierno pobre en humanidad, despreciable en lo político y condenable en su abierto desprecio a la vida. Maduro se enfrenta a su destino y lleva a la querida Venezuela a un callejón sin salida que no se dirimirá mas que por la fuerza

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