Algo muy personal

Cómo sobrellevo día a día los servicios públicos.

Sin ir más lejos
Por Cristian Nielsen 

Algunos más, otros menos, los paraguayos mantenemos una lucha estéril con los servicios públicos. Trece meses atrás comuniqué a ESSAP que el caño que me conecta a su red está roto y pierde agua.

Nunca vinieron a arreglarlo. Hace dos meses, otro ducto mayor, que corre bajo el pavimento (bah, el sendero de cabras) de la calle Antillas, en Lambaré, reventó y crea lagunas enteras. Hasta ahora sigue así.

Me pregunto: Si una empresa no es capaz de remendar un caño, ¿para qué demo­nios sirve, además de pagar el sueldo de 2.176 funcionarios? Un día, harto de que el servicio de internet de Copaco se me cortara, “me apersoné” –como requiere el protocolo- ante la funcionaria corre­spondiente para cancelar mi conexión.

Muy atenta, la señora me hizo llenar el formulario, lo firmé y eso fue todo. Nada de preguntar la causa de la rescisión.

Conservo la línea física por pura nostalgia y cada vez que se descompone, los mucha­chos de “planta externa” llegan – eso sí, un mes después del reclamo- y la arreglan.

Pero la empresa, que mantiene 4.500 empleados, pierde decenas de usuarios a manos de los gigantes de la telefonía móvil. Todos saben que bailan en la cubierta del Titanic pero siguen allí, como si la competencia no existiera.

La ANDE conserva aún bastante de su antigua eficiencia, aunque concentrada en el personal que atiende las redes.

Si de mí dependiera, les triplicaría el salario, viendo los riesgos que corren trabajando sobre líneas cargadas de electricidad.

Pero tras ellos se agazapa una burocracia parasitaria, con remuneraciones exageradas y enquistada en gerencias y sindicatos que sobrecargan el presupuesto del ente al que tarde o temprano harán saltar por el aire.

Y nosotros, del otro lado del mostrador, debemos conformarnos con “sobrellevar con resignación estos servicios públicos”, como le haría decir Quino a Mafalda.

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