“Detengan el avance radical de Trump”

Mike Bloomberg

Bloomberg

 

El enfoque de la política comercial del Trump estableció nuevos puntos de referencia de incoherencia e irresponsabilidad, incluso antes de su amenaza de imponer aranceles a las importaciones desde México, pero esta última maniobra supera con creces al resto. La administración planea perjudicar a las empresas al norte y al sur de la frontera, e imponer nuevos impuestos adicionales a los consumidores de Estados Unidos, no para solucionar un reclamo comercial real o imaginario sino para obligar a México a frenar la migración a Estados Unidos.

Este es un paso radical e inquietante. La administración está invocando una ley que le permite imponer sanciones económicas de emergencia. Se puede afirmar que el Congreso nunca consideró que esas facultades se utilizarían en un caso como este.

El senador republicano Chuck Grassley, quien ha apoyado muchas de las iniciativas anteriores de Trump en materia de inmigración, lo dijo claramente: “Esto es un mal uso de la autoridad arancelaria presidencial y es contraria a las intenciones del Congreso”. También es, por cierto, una violación directa de los compromisos de EE.UU. con los tratados comerciales existentes. En efecto, incluso la pretensión de que EE.UU. se adhiera a una política comercial legítima y sujeta a normas ha sido prácticamente abandonada. Y el mensaje que envía a Canadá, China, la Unión Europea y otros socios comerciales de EE.UU. es totalmente contraproducente. Las negociaciones sobre el acuerdo que Trump propuso como sucesor del Nafta acaban de concluir; sus aranceles anteriores sobre el acero mexicano se suspendieron hace unos días. Esta nueva amenaza no tiene nada que ver con esos asuntos, explicaron los funcionarios de EE.UU.: se trata de inmigración, no de comercio. ¿Qué deben hacer otros gobiernos al respecto? Están obligados a preguntarse por qué deberían comprometerse de buena fe con una administración tan errática y poco confiable.

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