Duros de entendederas

No hay peor desorienta­do que el que no quiere entender. Es el caso de los burócratas del Gobier­no, o mejor del Estado ya que esta condición atraviesa turnos enteros de gobernantes. El país les está diciendo que es una aberración que funcionarios de Hacienda se queden con parte de las multas aplicadas a evasores de impuestos. Pero ellos “no entienden muy bien” el mensaje, no alcanzan a “leerlo”.

Veamos sus argumentos. Ponen a fiscalizar el cumplimiento impositivo a un funcionario que gana entre 4 y 5 millones de guaraníes. Bajo el régi­men actual, si el inspector encuentra evasores du­rante su recorrida puede levantar unos cinco o seis millones adicionales. En lenguaje popular eso sería “hacer para su sueldo”, que es como soltar cerdos en un maizal. ¿No sería más lógico que comisio­naran para esa tarea a funcionarios de mayor rango que no necesiten completar sus ingresos denunciando evasores? Así, el producto total de las multas engrosaría las arcas de Hacienda en lugar de ir a parar a bolsillos particulares.

La permanente angustia presupuestaria indica que los ingresos tributarios apenas alcanzan para enjugar gastos corrientes, una porción gigantesca de los cuales va a salarios, bonificaciones, ayudas alimentarias, horas extras, gastos de repre­sentación, adicionales por trabajo insalubre, asistencia médica, plus por vacaciones, comple­mentos y suplementos varios dentro del deli­rante festival de gastos en personal que padece el Estado paraguayo.

Los impuestos son algo demasiado serio. “Tax and death” dicen los an­glosajones. Un Estado po­bre con burócratas ricos no nos sirve. No jueguen con lo que no les perte­nece, señores funciona­rios. Si no lo entienden, dedíquense a otra cosa y dejen el lugar a verdade­ros servidores públicos.