¿Estado generoso… o imprevisor?

En adelante, habrá que ver qué camino toma el Estado para dar sostenibilidad al sistema que, así como va, no parece estar asegurada".

Las denominadas “pen­siones no contributivas” han experimentado un crecimiento explosivo desde su implementa­ción. Su fundamento es impecable en el origen mismo del sistema.

Se explica ante la nece­sidad de “otorgar a todas las personas mayores de 65 años que vivan en situación de pobreza un ingreso económico men­sual para satisfacer sus ne­cesidades básicas”, según reza la ley 3728 aprobada en 2009 y que entró en funciones en el PGN 2010.

Ese año, el sistema llegó a unas 8.100 personas de más de 65 años, con una asignación de G. 376.000 mensuales. El monto total de esas pensiones llegó a G. 25.500 mi­llones, el equivalente al 0.02% del PIB.

Para 2018, la asignación mensual había crecido a 530.000 guaraníes, llega­ba a 215.000 beneficiarios con un desembolso total de 1 billón, 230.000 millones de guaraníes. El sistema se había expandido un 4.800%, comprometía el 0,53% del PIB y alcanzaba al 47% de los mayores de 65 años.

Repetimos que más allá de la justicia de un programa dirigido a mejorar la calidad de vida de personas de la tercera edad, la pregunta que queda boyando, luego del baile de cifras anterior, es si el sistema es soste­nible y hasta cuándo.

No vamos a cuestionar la transparencia de su implementación o a preguntarnos si las cifras están o no infladas.

Lo que deja en eviden­cia este panorama es la pobreza del sistema jubilatorio, con una de las más bajas coberturas en la región, reveladora además de que la economía infor­mal sigue siendo enorme y dejando sin cobertura de retiro a miles de personas en edad retiro.

En adelante, habrá que ver qué camino toma el Estado para dar sos­tenibilidad al sistema que, así como va, no parece estar asegurada.