INC, un lastre sin futuro

INC es el paradigma por excelencia del estado empresario fallido. Nunca está completa, siempre le falta algo y su producción se detiene cada tanto".

En enero de 1970, la ex Valle Mí pasó a ser oficial­mente Industria Nacional del Cemento. Durante casi medio siglo, INC tuvo el monopolio de la fabrica­ción de cemento portland gris, el material más de­mandado en la construc­ción. Con reservas propias de caliza, arcilla y puzo­lana suficientes para más de 1.000 años, la empresa podría haberse convertido en un verdadero emporio de alta tecnología y con capacidad de producción suficiente para responder a una demanda que va y viene según los picos o de­presiones de la economía.

Pero antes de convertirse en una nave insignia del Estado empresario, sucumbió a todas las taras que tiene esta figura en el Paraguay: ineficiencia, desinversión, sobrepo­blación de empleados y una necesidad constante de inyección de dinero público para cerrar los estados contables cada año. Eso podía funcionar antes, cuando comprar una bolsa de cemento era acudir con el sombrero en la mano a las puertas del centro de despacho. Allí había que anotarse con los capitostes de turno, re­partir algunas “golosinas” y esperar con paciencia que le llegaran las bolsas. Ah, sábado y domingo, ni pensar. Funcionarios públicos hasta el fin. Pero el monopolio se rompió y apareció la competencia. La cementera privada que ya opera en plaza produce unas 20 millones de bolsas al año, despacha 24/7 y tiene seis veces menos empleados que la INC, con una productividad de 85.000 bolsas por emplea­do y por año. INC apenas supera las 14.000. Y se viene una segunda planta privada, con capacidad similar a la primera.

INC es el paradigma por excelencia del estado empresario fallido. Nunca está completa, siempre le falta algo y su producción se detiene cada tanto. Si fuera una empresa privada, ya habría sido liquidada o vendida. En manos del Estado, es un lastre más sin futuro.