¿Es verdadero, bueno y necesario?

Stephanie Hoeckle
Directora
de Oui Oui
stephanie@agenciaouioui.com

En estos días de preocupación, ansiedad e intercambio de “información” en tiempo real, se hace más necesario que nunca cuidar nuestra comunicación personal, con nuestros familiares y amigos, y profesional o empresarial, es decir, con el resto de las personas con quienes nos relacionamos, sean colaboradores, proveedores, clientes o ciudadanía en general.

La tecnología nos permite decir todo lo que queremos y a quien queramos, a cualquier hora, pero ¿es necesario que lo hagamos? ¿Les servirá a nuestros interlocutores, de alguna manera, saber lo que acabo de enterarme?

La prueba de la verdad

Me comentaba una persona que le parecía que la gente competía por dar la última noticia sobre esta enfermedad que tiene en vilo al mundo. Pero que se trataba de una competencia de velocidad de reacción: quién era capaz de presionar más rápido “enviar”, no quién tenía realmente algo que decir. Así, a una información casi siempre imprecisa, incompleta o totalmente disparatada, le seguía siempre la excusa: “No sé, yo reenvío lo que se dijo en otro grupo”. Aunque parezca increíble, esta práctica se ha extendido tanto que ha contagiado a gente habitualmente razonable y seria, a quien estábamos acostumbrados a escuchar. Informaciones sin fuente o atribuidas a “investigadores de la universidad tal” (así, sin mencionar nombre y apellido) o a autoridades y expertos (que nunca dijeron lo que se les atribuye) circulan día a día, sin que los que se encargaron de divulgarla se sientan en lo más mínimo responsables de lo que “compartieron”.

Pero cuando la crisis pase, los mensajes quedarán y, sobre todo, la impresión que causamos como divulgadores de información. Por eso, no cuesta nada hacer el esfuerzo por preguntarse siempre que se recibe un dato: ¿Tiene fuente? ¿Es real la fuente? ¿Qué sé de la fuente? ¿Es un mito que circula hace rato? Así como es fácil inundar la web de noticias falsas, es igual de fácil chequear datos. Solo basta poner algunas frases claves en el buscador y hacer una verificación rápida de los resultados. ¡Cualquiera sabe hacer eso! De verdad, algunas noticias son tan burdas que es increíble que gente normalmente seria no se dé cuenta.

La prueba de la bondad

Una persona con habilidades comunicativas es alguien completamente consciente del contexto en el cual se mueve. En castellano simple, decimos que “es ubicada”, sabe qué información compartir y cuándo es el mejor momento para hacerlo. Tiene la delicadeza de guardarse aquello que puede causar innecesaria preocupación o malestar en los otros. En tiempo de alarma general, ¿es necesario agregar a las conversaciones tantos mensajes catastróficos, terribles, apocalípticos? La verdad es que en ningún momento, pero ¡menos cuando más calma se necesita!  Esto en el plano individual, pero, igualmente, cuando comunicamos como empresa, cuando nos dirigimos a colaboradores, proveedores y clientes, podemos caracterizarnos como una organización que actúa, ante todo, con respeto y calidez humana, cualquiera sea el rubro al cual se dedique. Una actitud que, aunque no revierta beneficios económicos, sin dudas hará más agradable la experiencia de trabajo, a nivel interno, y en el relacionamiento con los clientes.

He visto geniales ejemplos de empresas que optaron por una comunicación cercana y cálida con la gente a través de sus redes sociales. ¡Esa es la actitud! Si nos importan los demás, extremaremos cuidados para contribuir con su bienestar, por lo tanto, nos cuidaremos de transmitir solo información verificada y relevante.  

La necesidad

Como personas o como profesionales, podemos elegir entre ser los que llenan de información inservible las redes sociales o los que aportan pocos pero útiles datos. Es posible que no tengamos nada que decir; entonces, nuestra comunicación puede consistir en ayudar a difundir informaciones relevantes para los demás. La justificación para que accionemos la función “reenviar” debe ser que lo que vamos a hacer circular sea algo que los otros puedan necesitar. En un momento como este, tal vez lo que los demás necesitan sea tan solo un poco de calma y distracción para llevar lo mejor posible el periodo de aislamiento.

Cualquiera sea la actividad profesional a la que nos dediquemos o el rubro al que pertenece nuestra empresa, podemos aportar algo a la comunidad. Les invito a que busquen en las redes sociales ejemplos de profesionales independientes y empresas de todo tipo que han decidido enfocarse en el servicio a la comunidad, promoviendo acciones solidarias, transmitiendo información relevante, recordando medidas sanitarias, ofreciendo apoyo emocional, enseñando algo (¡desde costura hasta yoga!) en forma gratuita, recomendando lecturas y compartiendo links a maravillosos museos en línea o hermosos conciertos.