A obscuras y hacia el barranco

Estamos a las puertas de una transformación de nuestra vida social, económica y hasta política de alcances aún inimaginables, y nuestra “elite” política sigue enfrascada en la misma polémica de baja calidad que vienen practicando desde siempre.

Ni una sola voz se hizo escuchar en el Congreso, o en algún foro político o social de alguna representatividad, que ponga este tema en clave de análisis, prospectiva, intentando una aproximación a este futuro incierto. Las grandes economías ya lo están evaluando.

Según J.P.Morgan, el PBI de EE.UU. caerá un 4% este año, con un desempleo del 20%. En una economía a tan enorme escala sería imposible imaginar esos porcentajes en números concretos. Cifras similares caerán sobre España, uno de los países más castigados por el COVID19, que podría afrontar un desempleo del 21% a fin de año. Japón, que ejecuta un monstruoso plan de rescate equivalente al 20% de su PIB, va camino de sumirse en la recesión, la peor quizá desde la posguerra.

Nuestros dos principales vecinos y consocios se tambalean. Brasil acaba de entrar a un túnel sin salida a la vista, con un pronóstico de retracción de mas del 6%, cifra curiosamente similar a la de Argentina, que según la calificadora Moody’s, verá achicarse su economía en no menos del 7%.

Nuestra clase dirigente, mientras tanto, flota en una nube de pedos gastando el tiempo en el folklorismo político, incapaz de sentarse evaluar lo que se viene.

Discursos vacíos, ideologías petrificadas, cero iniciativa. Caminamos a oscuras hacia un barranco y nadie es capaz de encender siquiera una luz. El barbijo y el alcohol en gel podrá protegernos del virus, pero no de la incompetencia suicida de quienes debieran conducir la nave en forma segura.


Editorial