Policía malo, policía bueno

Los honorables ya no hacen el menor esfuerzo por ocultar su práctica obstructiva contra los proyectados recortes de privilegios, salarios astronómicos y “derechos adquiridos” de los que gozan miles de funcionarios públicos así como la limitación de compras en reparticiones públicas.

Incluso se han permitido ponerle un apellido a la iniciativa a la que llaman “proyecto Godoy” y aunque el documento de iniciativa lo firman diez senadores, se lo conoce en la jerga legislativa por el nombre del senador Sergio Godoy. Ellos sabrán la razón, que, por otro lado, es por completo irrelevante aunque sirve para acortar el extensísimo nombre del proyecto.

Los diputados concelebraron el miércoles pasado la misa de costumbre, con su liturgia bien estudiada: “Necesitamos más información antes de votar”, “hemos pedido datos a diversas instancias y aún no los tenemos”, “el Senado tuvo un año para aprobar el proyecto, nosotros merecemos por lo menos un par de meses” y zarandajas por el estilo. Más cinismo y desvergüenza sería imposible esperar, aunque de los honorables nunca se sabe.

El Poder Ejecutivo ya no sabe qué parte de la olla raspar para seguir atendiendo las urgencias, comprando insumos, pagando subsidios al desempleo y preparándose para la ola que vendrá después de la pandemia, con gruesas cuentas a pagar y un enorme déficit que enjugar. Pero los diputados piden más tiempo para decidirse a cortar la festichola presupuestaria. Cuando al fin decidan algo, la pandemia y su emergencia habrán pasado.

Está claro que al Congreso no lo penetra ningún dardo argumental. Vienen jugando al policía malo y al policía bueno desde hace años. Los senadores hacen su jugada en una dirección y los diputados la trancan. Serían graciosos si antes no fueran patéticos y desvergonzadamente dañinos para la República.


Editorial