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Alguien tiene que pagar la fiesta

 
 
 

La Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP) es el para­digma por excelencia de la irracionalidad administra­tiva estatal. Se trata de una de las reparticiones más ineficientes de la operato­ria pública pero con poder absoluto para impactar so­bre el comercio exterior, el aparato cardiocirculatorio de la economía nacional.

Este paquidermo ante­diluviano –por lo pesado e insostenible- tiene potestad para tarifar las cargas en tránsito a puer­tos interiores, que de US$ 40 que venían costando pasaron abruptamente a US$ 100. Tarifa es el monto que se cobra por prestar un servicio. Ahí, en eso del “servicio”, es en donde todo se desbarranca cuan­do hablamos del Estado. La cámara que agrupa a las empresas afectadas emitió un comunicado enume­rando la descomunal ineficiencia de la ANNP en su rol específico: adminis­trar el tránsito comercial. Al aumentar 150% el costo de un servicio más que discutible no sólo traiciona su carta orgánica sino que se convierte en un obstáculo para el libre flujo de la economía que afronta un año de dura retracción.