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Columnas

Más flexibilidades, más vacunas, más vidas

No es broma: existe globalmente una inquietud y urgimiento por parte de los gobiernos. Para salvar vidas humanas y evitar deterioros más graves en el sistema sanitario, para revigorizar la economía y corregir la erosión del tejido social, la vacunación masiva es un recurso imprescindible.

 
 
 

Previsiblemente, ante la emergencia sanitaria, la competencia por conseguir con celeridad vacunas de buena calidad se expresa con cierta desesperación. Aunque arduamente se ha logrado implementar el COVAX, mecanismo de compra y distribución de vacunas derivado del consenso en la Organización Mundial de la Salud, un altísimo porcentaje del esfuerzo vacunatorio está en manos de cada Estado. Los gobiernos despliegan febriles gestiones diplomáticas, comprometen los equilibrios fiscales y condicionan a largo plazo las estrategias comerciales. Se trata de conseguir cuanto antes la disminución del contagio masivo de COVID 19.

En el caso de Paraguay, la epidemia ha sido y es terrible más allá de la renuencia inconsciente con que se asumimos las limitaciones que impone. Por lo que, conseguir los elementos para lograr dicha disminución es esencial. Uno de los desafíos fundamentales fue derribar los impedimentos para una rápida y gigantesca adquisición de vacunas, ya sea por restricciones normativas en cuanto a su compra estatal, como por la imposibilidad adaptarse a los requerimientos contractuales de las empresas fabricantes en las negociaciones.