¿Cómo andamos en materia de Compliance?

“Es la función que tienen las empresas de estable­cer procedimientos que aseguren el cumplimien­to normativo interno y externo”. Es lo que se en­tiende por compliance. En la praxis empresaria, el concepto de complian­ce adquiere una dimen­sión que frecuentemente o es ignorada o se la pasa a un segundo plano, con consecuencias imagi­nables. Una empresa seriamente organizada dispone de un departa­mento que, con inde­pendencia, autoridad y recursos, la ciñe a un cumplimiento norma­tivo eficaz. Las áreas en las que actúa son am­plias: ética empresarial, responsabilidad social, ajuste al marco jurídico y a las normativas técnicas así como a las regula­ciones de seguridad del producto o servicio ofrecido. Se dirá que es un mundo ideal, lleno de normas muy bonitas pero que son casi letra muerta. Esto es cierto y explica la caída del país en el ranking 2018 del Doing Business que nos dice que el Paraguay no es un lugar propicio para hacer negocios, entre otras cosas, por nuestra tendencia a sortear las normas o simplemente, incumplirlas. Como nación desprendida del antiguo imperio español, hizo carne entre noso­tros aquello de “se acata pero no se cumple”, cuya síntesis sería “sí, la ley está, pero la cumplo si me conviene”. Quizá para nuestros códigos de convivencia interna la cosa funcione y que no haya sanción si en el pack de carne que compramos en el súper dice asado y al abrirlo encontramos puchero. ¿A quién quejarse, qué consecuencias acarrean estas inconductas? Pero si repetimos esa práctica como exportadores, el resultado es impla­cable: jamás vuelven a comprarnos nada.

Tal vez hayamos redu­cido todo a un ejemplo muy básico, pero por algo se empieza.

Cumplimiento del compromiso contraído, la madre de todas las batallas empresaria­les en el Paraguay.

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