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Editorial

Endeudarse no es malo “per se”

Endeudarse no es malo en sí mismo si se usan los recursos para el desarrollo y la mejora de la calidad de vida.

 
 
 

Los políticos, como las enfermedades oportunistas, esperan la coyuntura para meter un bocadillo esperando sacar rédito electoral. El menú preferido por los mediocres -por ser elegantes- es el que invita a la opinión pública a escandalizarse por la deuda contraída por el Gobierno, el actual o el que sea. “La van a pagar nuestros nietos” se escucha a menudo. ¿Y? La generación actual es nieta de alguna anterior que tomó la deuda que estamos pagando nosotros.

El verdadero fondo de la cuestión no es cuánto se debe sino qué se ha estado haciendo con ese dinero. Si ampliamos la infraestructura y apoyamos la expansión de la economía, lo habremos invertido bien. Pero si usamos ese dinero para llenar los bolsillos de unos cuantos privilegiados y para mantener ese verdadero “feed lot” (engorde en confinamiento del ganado) en que se ha convertido el Estado empleador, entonces lo habremos derrochado. Desgraciadamente, en una enorme proporción, lo segundo es lo que impera en la perversa concepción de la función pública que nos domina.