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Editorial

Estrategias que resultaron fallidas

En 2018, el Congreso estudió un proyecto para “recuperar el pleno dominio de ACEPAR”. Nadie está reclamando ese montón de porquerías.

 
 
 

Cuando se pusieron en marcha emprendimientos estatales como las fabricas de cemento y de acero, el principio que se esgrimió por entonces era la necesidad de salvaguardar la provisión de productos estratégicos para el desarrollo del país. Así, la Industria Nacional del Cemento fue creada como empresa pública en 1969 y Siderúrgica Paraguaya (luego ACEPAR) en 1974. Ambas nacieron en la confluencia de dos variables que incidían de distintas maneras sobre la vida de los paraguayos. Primero, la doctrina de la seguridad nacional (DSN) que alineaba al Paraguay políticamente al eje “anticomunista, occidental y cristiano”, experiencia que dejó sangrientas huellas en la historia contemporánea.

Al mismo tiempo, se buscaba aplicar a la economía el modelo de sustitución de importaciones patrocinado por la CEPAL, ala latinoamericana de las Naciones Unidas. Bajo ese lema, el régimen de entonces intentó hacerlo todo, no solo cemento y acero sino también caña, teléfonos, transporte aéreo, electricidad, barcos, trenes, etc. De todo eso hoy no queda nada. El Estado no sólo fue ineficiente para gestionar esas empresas sino también un fracaso al intentar privatizarlas.