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Editorial

Hora de pensar en grande

La pausa brutal impuesta por el virus chino a la economía mundial impactó con especial crudeza al movimiento aeroportuario. Asunción no escapó al golpe y aún no termina de reponerse mientras recupera un mínimo de movimiento.

 
 
 

Los efectos colaterales alcanzaron de lleno al plan de ampliación de la terminal y expusieron descarnadamente las tremendas limitaciones y obsolescencias que padece el Silvio Pettirossi. Tal vez lo único bueno de esta tragedia sanitaria sea que hay más tiempo para tomar distancia y repensar el papel de hub aeroportuario sudamericano que siempre se trae a colación cuando se evalúa la situación geográfica estratégica de que goza el país.

Veamos las ventajas. No tenemos los 300 dias al año de niebla de Guarullos, ni el inquietante sobrevuelo de aproximación sobre el mar de Jorge Chávez, ni el cerco de montañas de mas de 2.000 metros de El Dorado o la atmósfera asfixiante de El Alto. El único limitante del Silvio Pettirossi es la densidad creciente de su entorno poblacional. Por eso, la mejor alternativa a evaluar es trasladar el aeropuerto al distrito de Villa Hayes, que con sus 20.000 kilómetros cuadrados tiene espacio suficiente para habilitar un aeropuerto de dimensiones internacionales que requiere un mínimo de 1.500 a 5.000 hectáreas de entorno operativo para cerrar las exigencias de la OACI.