Garantizar vivienda digna, otro desafío más del gobierno

El acceso a una vivienda digna es un derecho humano cuyo cumplimiento está lejos de muchos paraguayos. En el territorio nacional aproximadamente un millón y medio de familias no tienen viviendas o viven en lugares que no cuentan con todas las condiciones para una vida digna. Esto sin duda constituye otro desafío más para el nuevo gobierno.
Además del déficit en sí mismo, la falta de financiamiento y de planificación urbana a largo plazo son problemas del sector de viviendas que deberían ser tenidos en cuenta.
El déficit habitacional es según la Cepal “la brecha existente entre los requerimientos y la disponibilidad de viviendas adecuadas en una sociedad”. Este déficit se divide en cuantitativo, es decir, las necesidades de nuevas viviendas, y, el cualitativo que implica las necesidades de mejoramiento y/o ampliación de las viviendas existentes.
El acceso a servicios básicos, los materiales utilizados y el espacio disponible en relación a la cantidad de personas que viven en la misma, son cuestiones que se consideran para evaluar si una vivienda es digna de acoger y proteger a una familia.

SON NECESARIAS MÁS DE 180.000 VIVIENDAS NUEVAS Según las proyecciones del Plan Nacional de Hábitat y Viviendas – PLANHAVI, de la Secretaría Nacional de Vivienda y el Hábitat – Senavitat, 1.459.803 hogares no contarían con una vivienda digna y se estima que este número abarcará a 100.000 más en los próximos dos años. Del actual déficit total, se necesitan 182.475 (12,5%) nuevas viviendas, lo que representa el déficit cuantitativo. Gran parte de estos hogares pertenecerían a los grupos más vulnerables: indígenas, campesinos, personas con discapacidades, adultos mayores y personas de escasos recursos son los más afectados, sobre todo en el área rural. El déficit cualitativo se refiere a la baja calidad de las viviendas. Esto implica que si bien un hogar puede tener una vivienda, la misma no estaría reuniendo todas las condiciones necesarias para ser un hábitat adecuado para las personas, por ejemplo, no cuentan con baños ni desagües apropiados, sus paredes son precarias, tienen techos de paja, pisos de tierra, o necesitan alguna mejora. Este tipo de déficit es el mayor en el país, pues en el área rural así como en los asentamientos y loteamientos del área periurbana, la mayor parte de las familias construyen sus viviendas en forma precaria, con materiales de baja calidad que no garantizan la protección de sus miembros. Así, 1.277.328 hogares estarían necesitando algún tipo de mejora o ampliación en su vivienda, esto representa el 87,5% del déficit total. De ellos, 297.654 hogares necesitarían mejorar y a la vez ampliar sus viviendas.
La condición legal de las viviendas también refleja un déficit en la materia. Según los datos de la EPH 2017, elaborada por la Dgeec, en el país 364.743 hogares estarían habitando en viviendas alquiladas o cedidas, es decir, en viviendas que no son propias, lo que en la mayoría de los casos denota precariedad en la tenencia e inseguridad en la continuidad del uso.

DESAFÍOS
Estos datos denotan el importante desafío que enfrenta la nueva administración en materia de vivienda. Si bien es loable el esfuerzo de la Senavitat para subsanar la problemática, según datos de su web institucional desde el 2013 al 2018 logró construir 30.020 viviendas y tiene en ejecución 6.724 unidades, números que están lejos de las necesidades del país. Por ello, son necesarias otras medidas tendientes a mejorar la situación de los hogares paraguayos en cuanto a su derecho de acceso la vivienda. Actores clave del sector ven al financiamiento como uno de los problemas principales que se debe superar para hacer frente al déficit habitacional. Urge adecuar la política habitacional, de modo a facilitar el acceso a la vivienda mediante créditos en condiciones flexibles o subsidios con contrapartida de ahorro que permitan a las familias acceder a una vivienda digna.

El mercado ha centrado su esfuerzo en el segmento de viviendas premium, dejando de lado a las personas de nivel socioeconómico medio-bajo, el gobierno por su parte ha hecho importantes esfuerzos para dotar a los grupos más vulnerables de una vivienda digna.

Ello sin embargo, ha sido insuficiente. Si bien la Agencia Financiera de Desarrollo – AFD canaliza fondos a través de las instituciones financieras para que éstas ofrezcan créditos a mediano y largo plazo para la vivienda, hasta hoy la mayor parte de ellos han sido otorgados a personas de nivel socioeconómico media-alto para quienes muchas veces los montos resultan insuficientes para adquirir viviendas que reúnan las características que desean. La asignación de más recursos destinados reducir el déficit habitacional, ya sea a través de la Senavitat o la AFD, es sin dudas un desafío a superar.

Otro desafío, es la falta de planificación urbana que resulta en un crecimiento desordenado de las ciudades, en el que las familias se ubican en viviendas precarias alrededor de las ciudades sin tener las condiciones de hábitat ni de acceso a los servicios necesarios para vivir dignamente. Superar este desafío exigirá del nuevo gobierno una alta capacidad de coordinar y articular esfuerzos de las diferentes agencias del gobierno encargadas de planificación y ordenamiento territorial. Por último, pero no menos importante, el trabajo conjunto de los sectores público y privado para mejorar la oferta existente y adecuarla a las necesidades de la sociedad debe ser considerado de una vez por todas para que todos los paraguayos y paraguayas veamos cumplido nuestro derecho de acceso a una vivienda digna.

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