La derecha se impone en Brasil

El País
España

 

Jair Bolsonaro este candidato de 63 años, capitán retirado, diputado y líder del Partido Social Liberal (PSL), encabeza las elecciones en Brasil, hasta el cierre de la edición, —este domingo se celebra la primera vuelta (la segunda, el 28 de octubre)— desde que los tribunales retiraron a Lula da Silva de la carrera.

Bolsonaro tenía el 49% de los votos, mientras que su contrincante directo Fernando Haddad tan solo el 26%.

Que las clases altas y las clases medias tradicionales se identifiquen con el candidato ultraconservador y su perfil autoritario es solo una parte de la historia. Bolsonaro viene conquistando una inmensa masa difusa de electores, muchos de los cuales mejoraron su vida durante los años de Gobierno del PT –13 de los últimos 15– y que hoy pertenecen a las franjas de ingresos intermedios. Muchos de ellos son evangélicos y pertenecen a una clase trabajadora que, además de estar indignados con la corrupción y la violencia, es conservadora en sus costumbres. De alguna forma, encuentran en Bolsonaro una forma de reaccionar frente a los avances en derechos sociales, así como ante las posturas de los movimientos LGBT y el feminista.

Jair Bolsonaro ha pasado las tres últimas semanas de su campaña sin pisar la calle, recuperándose en el hospital de la puñalada que un perturbado le propició en el abdomen durante un acto electoral el pasado 6 de septiembre. Jair Messias Bolsonaro (São Paulo, 1955) solía ser considerado un payaso.

Hijo de un dentista rural, durante el final de la dictadura militar, en 1985, intentó refugiarse en el Ejército, pero fue expulsado a la reserva por conflictivo.

De ahí pasó a la política, donde se le tomaba por un paria. Autoritario, antidemocrático, machista, racista, homófobo, defensor de la tortura; un bufón, en fin, para los cuatro nostálgicos de la dictadura.

En el próspero Brasil de Lula (2003-2011) había pocos perjudicados por el establishment democrático y, como todo iba a mejor cada año, con suerte dentro de poco no quedaría ninguno. Bolsonaro y sus cejas picudas y su peinado con raya al lado estaban condenados a ser poco más que una anécdota histórica.

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