La subvalorada profesión de nutricionista

El impacto de la nutrición en la salud pública es enorme ya que los seres humanos exponen su salud, a cada momento, a través de los alimentos.

Datos no oficiales dicen que de los 4.000 licencia­dos en nutrición que exis­tirían en el país, apenas el 8% tiene un empleo for­mal, mientras los demás sobreviven con diversos tipos de actividades que sólo tocan tangencial­mente la ciencia para la cual se han preparado.

¿A que lo habilita este título? Sus áreas de competencia están en el servicio público y en el sector privado pero su actividad no ha alcan­zado aún el grado de desarrollo que debiera.

Así como una farmacia no puede ser habilitada sin contar con un químico farmacéutico matricu­lado, ninguna industria de la alimentación, restaurant, bar o unidad de producción de comida debería funcionar sin el concurso de un nutricio­nista registrado en el Mi­nisterio de Salud Pública.

La importancia de esta función es altamente gravitante. “El impacto de la nutrición en la salud pública es enorme –señala una comuni­cación del gremio- ya que los seres humanos se exponen a la gran mayoría de los com­puestos químicos –los necesarios, los inocuos y los perjudiciales– a través de los alimentos. De todo esto resulta la necesidad de contar con profesionales que tengan los conocimientos y prácticas adecuados para orientar a la población sobre las buenas prác­ticas de nutrición…”.

Si las autoridades na­cionales y municipales apretaran los controles sobre los sitios en donde se elaboran, venden y consumen productos ali­menticios, el resultado sería no sólo una mayor demanda de nutricionis­tas sino que empezarían a faltar, con horizonte creciente para las univer­sidades en esta carrera.

En España, por ejemplo, es hoy una de las carre­ras con mayor colocación en el mercado, con un perfil etario de entre 21 y 30 años en el 68% de la demanda. Podríamos empezar por mirar ahí y ver como lo están haciendo los españoles.

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