La volatilidad es argentina, no paraguaya

Cuando no acumula atraso cambiario y precios pisados artificialmente, Argentina se hunde en procesos devaluatorios vertiginosos e inflación extrema.

“El mercado es tan volátil que un día vienen ellos y al día siguiente vamos nosotros”. Este comentario hecho al pasar por un economista -en relación al comercio de frontera con Argenti­na- puede inducir a una conclusión errónea.

¿Constituimos nosotros un mercado volátil? Veamos. Ser volátil, en términos económicos y sobre todo, finan­cieros, significa ser “mudable, inconstante, inestable u oscilante”. Si tomamos en consi­deración que el guaraní tiene una cotización estable frente al dólar y las monedas regio­nales, el análisis debe ir por otro lado.

Paraguay va a cerrar el año con una inflación del 4,5%, un déficit fiscal esperado del 0,6% sobre el Producto Interno Bruto y un crecimiento estimado del 4,7%.

Argentina, por su parte, está a la espera de una inflación cercana al 40% a fin de año, aunque nadie, ni el Gobierno, lo sabe con certeza. El déficit fiscal se aproxima al 5% y la economía, en general, se contraerá un 1%.

Mientras el guaraní se ha depreciado un 5,5% fren­te al dólar en los últimos cuatro años, el peso argentino ha cedido un 70% de su valor mien­tras que en su relación frente al guaraní, esa contracción ha sido del 100%: 350 guaraníes en 2015, 175 en 2018.

Esta fotografía de las variables económicas macro de Paraguay y Argentina es útil para determinar no la volatili­dad del mercado para­guayo sino la enorme inestabilidad de nuestro vecino que, cuando no acumula atraso cambiario y precios pisados artificialmente, se hunde en procesos devaluatorios vertigino­sos e inflación extrema.

Por eso pasamos de argentinos que se precipitan a com­prar en el Paraguay a abruptos silencios, tal como ocurre ahora.

La volatilidad es argen­tina, no paraguaya.

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