LAVADO: MUCHAS LEYES Y NINGUNA VERGÜENZA

“Tenemos leyes espectaculares, pero falta castigo” confiaba a la Agencia de Información Paraguaya el jefe ejecutivo de la Secretaría de Prevención de Lavado de Dinero (SEPRELAD) Oscar Boidanich. La oficina, agregó, recibe muchos reportes de operaciones sospechosas que son remitidos al Ministerio Público. ¿Casos concretos? No, eso lo prohíbe el “secreto bancario”. Pero, ¿no era que la legislación antilavado busca romper el secretismo que borra el rastro de dinero y bienes sucios? ¿Cuántos procesados y sentenciados hay en este negro capítulo que cubre al Paraguay con un manto de impunidad? La realidad contundente es que la legislación luce brillante y previsora, pero sin efectos prácticos. Tal vez sea  por la persistencia del ancestral mandato de “se acata pero no se cumple”, que convierte el ordenamiento jurídico del Estado en una farsa grotesca. Veamos. A la que crea la SEPRELAD, siguieron otras leyes que tejen una tupida red pensada para atrapar a lavadores y reducidores de activos sucios. Existe, por ejemplo, la ley que previene y reprime actos ilícitos dirigidos a legitimar dinero o bienes y que incluye a bancos, financieras, compañías de seguro, casas de cambio, sociedades y agencias de valores y otras entidades; hay una ley que inmoviliza los fondos o activos financieros de origen sospechoso; también un memorándum de entendimiento a nivel continental que nos compromete a vigilar la circulación de activos de cualquier procedencia, etc. etc. Y duerme en el Congreso un proyecto para consagrar la extinción de dominio como instrumento auxiliar de la justicia. Mucho papel impreso pero, al decir del titular de SEPRELAD, ausencia de castigo. Más claro imposible.

Abundan leyes pero falta voluntad. Y también vergüenza.

 

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