¿Líder, estadista o simple administrador?

¿Nos estamos preparando para los cambios? Ya veremos si el nuevo Gobierno ve venir a ola y se apresta a surfearla… o si será atropellado por ella

El teórico del liderazgo norteamericano Warren Bennis vaticinó que en el futuro, las fábricas ten­drán sólo dos empleados: un hombre y un perro. “El hombre estará allí para alimentar al perro –decía-y el perro, para evitar que el hombre toque los botones”. ¿Humor negro? Tal vez. Pero también dijo que “los líderes mantienen sus ojos en el horizonte, no sólo en los resúmenes de cuentas”.

Bennis es algo más que un hacedor de aforismos. Al describir al líder, le agrega un modificativo al hablar de liderazgo visionario como la capacidad de anticiparse a los hechos creando una visión realista del futuro. Lo de la fábrica, el hombre y el perro fue una ocu­rrencia para simplificar su visión personal de lo que le espera a la humanidad más allá del horizonte, un panorama que el común de los mortales tenemos vedado por el día a día. En cambio, un líder tiene la obligación de asomarse a ese futuro y prever los caminos más propicios. Y si ese líder gobierna un país, más vale que tenga madera de estadista o su liderazgo quedará en la nada.

Por eso, cada vez que se inaugura un nuevo Gobierno, todos nos pre­guntamos de qué será ca­paz y cuáles son sus ideas fuerza para conducir un país entre tantos cambios y tanta competitividad. ¿Seguiremos plantando soja y criando ganado? La tierra y el agua tienen sus límites. ¿Nos indus­trializaremos alguna vez? Para ello debemos dejar atrás la concepción dieciochesca del empleo e internarnos en la nueva industria 4.0 que combina tecnologías como la impre­sión 3D, el internet de las cosas, la nube, la realidad aumentada y los robots autónomos. ¿Crea empleo? Sí, pero de calidad no sólo mano de obra. Y para eso hay que ir preparándose. Ya veremos si el nuevo Gobierno ve venir a ola y se apresta a surfearla… o si será atropellado por ella.

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