¿Qué estamos haciendo con la plata?

Entre audios incriminatorios, pedidos de juicio político, inundados y campaña política en pista de despegue, dos hechos pasaron desapercibidos en estos días: la visita del Presidente de México y el fantástico crecimiento de la deuda pública. En cuanto a México, aparte de vendernos unos US$ 6 millones de dólares anuales en cerveza y otras minucias, y de comprarnos algunas toneladas de carne y arroz, lo más notorio que nos llega de allí es su invasiva música norteña y sus traumáticos cruces con Donald Trump.

Lo de la deuda pública es otra cosa, pero más vale ir pensando en lo que el gobierno de salida termina de hacer y lo que el que llega tendrá que afrontar. En un análisis exhaustivo publicado ayer, 5dias repasó en detalle la conformación de la deuda, sus vencimientos, las formas de pago y los mecanismos puestos en marcha para cumplir con las obligaciones emergentes. De la seriedad con que se honre esta deuda dependerá el grado de credibilidad y previsibilidad del Paraguay como emisor de deuda. Ese es un aspecto central. El otro, no menos importante, puede resumírselo en una pregunta breve: ¿Qué hicimos con toda la plata?. Porque el acumulado de deuda supera los US$ 7.000 millones, mucho dinero para un país cuyo Producto Interno Bruto no puede despegarse de los US$ 30.000 millones anuales. En cifras redondas, un 24% del PIB. Los expertos en análisis comparativo nos dicen que no estamos tan mal en este enfoque si consideramos que la media latinoamericana de deuda como porcentaje del PIB supera el 38% según la CEPAL. En términos globales podríamos estar un tanto tranquilos pero cuando bajamos a la realidad del servicio de la deuda, la cosa se pone más espesa porque comienza a demandar recursos cada vez mayores cada año. Pero eso se lo dejamos a los especialistas del sector mientras nosotros repetimos y ampliamos la pregunta anterior: ¿Qué hicimos con todo ese dinero, lo hemos invertido bieno simplemente lo hemos gastado?. Hasta el momento, el gobierno de Horacio Cartes no ha hecho una rendición de cuentas detallada, aclarándonos qué parte de los 7.000 millones verdes que debemos ha ido a inversiones para el desarrollo y el bienestar y cuánto tuvo que quemar en el pago de gastos corrientes. Y aquí es donde entramos a patinar. El paraguayo es un Estado pobre que gasta como rico. Mantiene un staff de empleados que ganan como en el primer mundo con recaudaciones propias de una monarquía tribal africana. Una comparación simple, de esas que ponen nerviosos a muchos, arroja el siguiente resultado: un eurodiputado, que integra un parlamento que legisla para un territorio diez veces más grande que el Paraguay y para una población 75 veces mayor, cobra mensualmente 6.200 euros, 80.600 al año… y ya se está hablando de recortar estas asignaciones por considerarlas excesivas. Un senador paraguayo cobra al año el equivalente a 5.800 euros, 75.400 al año. El PIB total de la UE fue en 2.017 de 15,2 billones, quinientas veces mayor en volumen y, medido per cápita, diez veces más alto que el paraguayo. ¿Tiene sentido esto?

La pregunta siguiente es: ¿Para esto nos endeudamos, para mantener una superclase millonaria enquistada en el Estado y pagada a costa de las necesidades postergadas de millones de paraguayos?. El Gobierno que se va nos debe una rendición de cuentas y a cara de perro, sin tapar nada. Y el que viene, borrón y cuenta nueva. Sin miramientos. O de lo contrario, seguiremos trabajando para mantener privilegiados y para pagar deudas.

También podría gustarte Más del autor